Thursday, May 11, 2017

El 70% de los ninos cubanos son hijos de padres divorciados.


FOTO/ Rafael Martínez Arias
Por María Valerino San Pedro y Sara Sariol Sosa | 11 mayo, 2017 
¿Cómo es la familia cubana de hoy? Tal interrogante atrae, desde hace años, la atención a sabiendas de que dicha estructura, célula básica de la sociedad, experimenta como esta última, constantes cambios culturales y sociales, que necesariamente deben orientarse por el fortalecimiento de ambas.
El hecho de haberse vuelto mucho más diversa en lo formal, pero la pertinencia de que mantenga su esencia formadora, constituye un reto, al cual nos asomaremos,  cuando este 15 de mayo, como cada año, Cuba celebre, también, el Día internacional de esa institución.
INSTAURACIÓN
La fecha la instituyó la Asamblea General de las Naciones Unidas para exaltar y reconocer la importancia de esa unidad funcional, tomar conciencia sobre las cuestiones que la afectan, y efectuar actividades en su favor.
Sus antecedentes están en Madrid, en 1993, cuando 37 organizaciones no gubernamentales españolas la aprobaran en declaración programática, y solicitaron a las Naciones Unidas generalizarla. El organismo internacional la instituyó a partir del año siguiente.
Un lustro después de la primera celebración, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, reflexionó:
“La obligación de proteger a la familia, concepto que recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos, requiere que las sociedades y Estados reconozcan y respeten su diversidad, y  ayuden a asegurar el bienestar y la dignidad de sus miembros, independientemente de sus opciones en la vida”.
DIVERSIDAD
Los cambios en la composición de los hogares no son arbitrarios, obedecen a ciertas regularidades, de ahí que, para realizar el estudio de la familia cubana, es preciso entender la interrelación entre la dinámica demográfica y el proceso de desarrollo económico y social del país.
En virtud del proceso revolucionario y la sociedad socialista que construimos, la familia cubana vino adquiriendo especiales valores como su identidad cultural, y su permanente labor en pro de la superación de los hijos como encomienda invariable.
¿Dónde están los cambios? Primero en sus tipologías.
Como bien afirma la Doctora Mayda Álvarez Suárez, directora del Centro de Estudios de la Mujer (CEM), el modelo exclusivo de mamá, papá y nené ya se da poco, las familias se han vuelto más complejas en su composición y funcionamiento, y están impactadas por múltiples factores sociales, como los procesos migratorios, el llamado período especial y el bloqueo estadounidense, con su sentida afectación económica.
Por eso, desde hace años, se observa una disminución de hogares nucleares, y aunque todavía predominan los de este tipo, han proliferado los multigeneracionales, pues el país no ha podido solucionar después de la crisis económica de los años  90 del siglo precedente, el problema de la vivienda.
Como resultado, la familia vive en espacios reducidos y en no pocos casos las viviendas se convierten en áreas donde conviven varios núcleos (padres, abuelos, nietos, tíos, primos), lo que en buena medida complica la convivencia y las interacciones.
Para tener un funcionamiento adecuado, la familia ha de poseer las condiciones mínimas de vida, y aunque el país busca soluciones como el otorgamiento de créditos bancarios y subsidios, aún no está cerca el ideal de un techo  para todo el que lo requiera.
También provocan cambios, el envejecimiento acelerado de la población, la reorientación familiar de personas de igual sexo, la baja natalidad, la creciente divorcialidad, y la nupcialidad reincidente.
Con respecto a esta última se da un fenómeno significativo, el del rol de ambivalencia de los nuevos convivientes. El nuevo miembro del matrimonio debe enfrentarse a conflictos frente a la crianza de los menores, papel en el que puede ser excluido o demasiado empoderado, lo cual puede provocar aceptaciones o rechazos.
Aunque, una de las cuestiones más preocupantes, según especialistas, es que una de las funciones familiares, la económica, de sustento material, se ha sobredimensionado en Cuba.
Esta tendencia sugiere que muchos núcleos desplazan la función educativa de la familia, y dedican más tiempo y esfuerzos a exigencias materiales, como la alimentación y el vestir, e incluso se han convertido en unidades productivas.
En tanto, la formación de valores se ha deteriorado, y se impone fomentar más respeto a las normas y leyes, reforzar la acción de la comunidad y el vínculo hogar-escuela.
René Díaz Tornés, director de la Empresa Comercializadora de Medicamentos de la suroriental provincia cubana de Granma, un territorio que como al resto del país le son característicos esos comportamientos, insiste en tener en cuenta el desarrollo de la tecnología, “pues indiscutiblemente le ha ido robando espacio a los hábitos y patrones familiares.
“La cotidianidad, el trabajo, el estudio u otras tantas obligaciones, nos van alejando del intercambio sistemático con nuestros hijos, se pierde un poco la comunicación.
“Antes un momento solemne era la hora de comer, pero se les permite a los hijos hacerlo con el plato en la mano, frente al televisor, en lugar de aprovechar el momento para conversar, indagar cómo fue el día en el trabajo o la escuela.
“En casos, somos buenos y cumplidores como cuadros, pero no sacamos el tiempo para velar por la educación de nuestros hijos, los descuidamos y recargamos con esa responsabilidad a la esposa y madre”.
MUJER Y FAMILIA
Aunque está claro que mujer es más que madre, y familia es más que madre, y tampoco es conveniente homologar mujer a familia, en realidad un elemento a no desestimar es lo por ganar en responsabilidades compartidas, pues amén de la permanente batalla por la igualdad y equidad, muchas mujeres se recargan demasiado, y sin descuidar su profesión deben dedicar gran parte del tiempo a las labores domésticas y cuidados de personas dependientes (menores y mayores de edad).
Otro factor de cambio constituye el incremento de hogares monoparentales femeninos, donde la mujer asume  las responsabilidades en solitario, como resultado de divorcios o la no implicación de la figura paterna.
Según el último censo de población y vivienda, el 70 por ciento de los niños cubanos tienen padres divorciados, en un país donde, además, el matrimonio legal está perdiendo importancia, aunque no las uniones. La vida en pareja sigue siendo opción.
EN CASA
María Elena Echeverría Carralero, miembro del Secretariado provincial de la FMC para la atención a la esfera ideológica, significa cómo la organización trabaja varias temáticas desde la base, en actividades diferenciadas, persona a persona, encuentros, talleres, intercambios y mediante las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia (COMF).
“Las más abordadas conciernen al cuidado de los menores, la manutención de los padres, la violencia de pareja, conflictos en divorcios mal manejados, maltrato infantil, y atención a los adultos mayores, llegándose a orientar en nuestras casas durante el año anterior y hasta marzo a más de tres mil personas”.
Además de las mencionadas, se enfrenta la alta tasa de embarazos en la adolescencia, los conflictos intergeneracionales en el hogar y la formación de valores.
Susel Fajardo Reyes, con igual responsabilidad en Bayamo, puntualiza que las madres llegan a la COMF acompañadas de los hijos, en busca de los programas de adiestramiento para tenerlos ocupados.
“La problemática más puntual es la violencia desde todas las perspectivas, y elaboramos estrategias para darle tratamiento, pero es insuficiente, porque eso también depende de que la familia colabore y desee aprender a enfrentar tal hecho.
“Utilizamos las líneas de consejería, de psicología y psicometría, con más de dos años funcionando con muy buenos resultados, y próximamente abriremos la de atención a las mujeres víctimas de violencia, situada en los últimos ocho meses como la problemática más recurrente.
“Y aunque no acuden mucho a aquí, igual llegan madres con hijos con intento suicida, ese es un asunto creciente y de gran preocupación.
“A pesar de lo hecho, debemos reforzar el trabajo, estudiar los casos en profundidad, modificar el discurso, porque todos los barrios no son iguales, cada uno tiene sus características.
“No podemos obviar a los escolares que, en un número elevado, más de mil, incumplen sus deberes, y todo porque sus familias descuidan una de sus funciones”.
LO ESENCIAL
Mónica García Raga, especialista de Primero y Segundo grado en Pediatría y en Docencia Universitaria,  profesora e investigadora auxiliar y directora de la Filial de Ciencias Médicas de Bayamo Efraín Benítez Popa,  coincide con nosotras en que fortalecer la familia como célula básica requiere fomentar la autoestima, la ayuda mutua y la solidaridad, cual pilares fundamentales para una interacción favorable.
Porque ante los complejos retos de la contemporaneidad, el sostén de una buena dinámica familiar radica en la comprensión, el respeto, y el amor que emergen de sus miembros. Seamos, entonces, capaces de fortalecer tales valores.
Fuente: http://lademajagua.cu/familia-entre-lo-esencial-y-lo-diverso/

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