“En el Kilo- 12 se encuentra todo lo que se necesita”, frase común y corriente en la villa del Yayabo. (Foto: Vicente Brito/Escambray)
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales
En una de las barriadas más populosas y extensas de Sancti Spíritus, sus pobladores buscan alternativas para sobrevivir en el actual contexto, convencidos que en ese espacio están las bases fundamentales de la sociedad.
Hay una frase común y corriente en la villa del Yayabo. “En el Kilo- 12 se encuentra todo lo que se necesita”. Y es una realidad sin exageraciones. Para ser más exactos, en el corazón de ese Consejo Popular: calle Céspedes norte, específicamente, entre la Línea y hasta la Rotonda, los puntos de venta —legales y no— pululan como en ningún otro sitio de la geografía provincial.
Lo asegura, lo vive y lo sufre Alexis Cáceres Ocaña, desde hace siete años presidente de ese Consejo Popular, uno de los de mayor extensión territorial del municipio cabecera.
“En población, es mayor que La Sierpe en alrededor de 18 000 habitantes y, en kilómetros cuadrados, impresiona”.
Por tanto, delimitarlo con exactitud es casi una utopía. Recorrerlo, otro. Mas, desde que Cáceres Ocaña recibió por el Gobierno una bicicleta eléctrica, se las ingenia para auscultar, con más frecuencia, cada uno de sus rincones hasta los colindantes con La Trinchera, en Cabaiguán, Consejo Popular Las Tosas, el río Tuinucú por la Autopista y Los Olivos.
El sector privado, a diferencia del estatal, mantiene la voz cantante en la venta de productos diversos. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)
“Si bien es una fortaleza contar con variedad de productos en la zona, distante del núcleo central del municipio, también nos provoca más de una indisciplina. La violación de precios es la principal”.
Consciente que desde el barrio no se cuenta con la potestad para multar, decomisar o aplicar una medida de choque a los precios que posicionan al Kilo-12 como el Carlos III espirituano, cada viernes los miembros del consejo Popular se reúnen para analizar ese problema, entre otros dolores de cabeza. Escambray, sin previo aviso, los sorprendió en el intercambio.
“Nuestra labor es preventiva. Hace unos días nos llegó un camión con arroz a 350 pesos. Hablamos con los implicados. No se nos hizo caso. Llamamos al intendente. Vinieron los inspectores y se bajó a 155 pesos como está normado.
“Pero, es una realidad que, a pesar de nuestro llamado de atención y los análisis en diferentes espacios, tenemos revendedores en puntos no aprobados para la actividad comercial, más de 60 personas expenden pan y no pagan tributos, muchos llegan hasta aquí en busca de hacer negocios y sus conductas no son las mejores. Asimismo, resulta recurrente que algunos productos no tengan su precio visible, música alta en los pequeños bares y restaurantes, y la práctica de cerrar los puntos de venta cuando se enteran que hay inspección”.
Precisamente, el día del recorrido de Escambray por la calle Céspedes norte no se encontró a la venta ningún pomo de aceite para cocinar. Corría a viva voz que se monitoreaba el precio del mismo, que anda por las nubes. Igualmente, se constató que, a pesar de la cantidad de trabajadores por cuenta propia, el consejo popular no ha recibido grandes beneficios con la recaudación del impuesto para la contribución al desarrollo local, conocido como el uno por ciento.
De cifras estratosféricas anda hasta la médula Mirta Mayor, jubilada y vecina del Kilo-12 desde hace más de cuatro décadas. Ante la vista de Es mi barrio, lamenta de que la malanga no baje últimamente de los 200 pesos.
“No la puedo pagar así y tengo un viejo enfermo en la casa —exclama con el dolor colgado en los ojos—. Le toca al Gobierno meterse. Los vulnerables somos los más afectados. Pasé por el mercado agropecuario y, desde hace una semana, solo tienen ají pimentón, por suerte, menos caro”.
Se refiere al Mercado # 2 El Mamey, uno de los más grandes y modernos de la provincia, gracias al proyecto Fortalecimiento de Políticas para la Seguridad Alimentaria Sostenible en Cuba, (Posas), con financiamiento de la Unión Europea. Por ello, cuenta con neveras, camión de carga, pesas… Pero la variedad de productos está ausente de mostradores y tablillas.
“Pertenecemos a la Empresa Municipal de Acopio Sancti Spíritus, de donde nos abastecemos o vamos con nuestro camión directo al productor —explica Frankiel Díaz Ramírez, su almacenero—. Con el actual problema de combustible, estamos atados de pies y manos, por lo que no es imposible ofertar diversidad”.
En el Mercado # 2 El Mamey, durante días, solo se expende ají pimentón. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)
BARRIO ADENTRO
De cruzarse de brazos no entiende Alexis Cáceres Ocaña, delegado de circunscripción desde hace 30 años. Ha logrado impulsar en patios y parcelas la tan anhelada soberanía alimentaria entre algunos vecinos de la comunidad.
“Hicimos un donativo de tomate al Hogar de Menores de Edad sin Cuidado Parental. En la institución educativa Héroes del Moncada las producciones llegan a los platos de estudiantes y trabajadores.
“Competir con los particulares es imposible. Ellos van directo a los campesinos, pagan lo que no tiene el sector estatal y, luego, revenden. Tampoco podemos permitir que se pudran las cosechas en el campo. Los productores necesitan salir de lo que tienen para seguir. Ya bastante los golpea la sequía”.
Cuando se camina la extensa e intrincada área de Huerto Escolar se confirma que sus vecinos saben cómo aprovechar las bondades de la tierra. Crecen, en 75 áreas reconocidas, sembrados de ajo, tomate, plátano, boniato…
“Esto era un terreno ocioso y lo único que sé es de agricultura —compartió sumergido entre sus plantaciones Arleiky Bermúdez Hernández—. Decidí venderle a la comunidad a un precio asequible y he donado al círculo infantil”.
Arleiky Bermúdez Hernández ha logrado hacer parir la tierra en una pequeña área detrás de su casa. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)
De apoyos, atención, ofertas y servicios se conoce bien en el Kilo-12. Desde los tiempos de covid, las madres con tres o más hijos, embarazadas y las familias en situación de vulnerabilidad fueron beneficiadas con módulos confeccionados y ventas con precios regulados por las propias entidades vecinas.
“Esa ha sido la única ayuda que he recibido, durante los 17 años que he vivido aquí —dice sin tapujos Leaide Elisa Amador González, quien cada noche acuesta a sus tres vástagos en su única cama, mientras ella y el esposo acomodan los huesos en el piso—. Me cansé de pedir atención por vivir en una casa prestada y, sin condiciones”.
Agradece las entregas de la pequeña fábrica Lucumí y ventas realizadas con precios diferenciados por la Unidad Empresarial de Base (UEB) Delicias Rotonda, así como a Alexis. Mas, con las torceduras del contexto actual, han quedado en el olvido.
“Soy trabajadora por cuenta propia o por propia cuenta, como quieras decirle. Trabajo limpiando casas, soy mensajera, lo que haga falta, al igual que mi esposo, porque comer resulta una odisea. A eso, se le suman los apagones. No tengo gas, así que vivo pendiente de cuándo viene la corriente, enciendo el carbón o la leña”.
Son malabares de los que no escapa la vecindad del Kilo-12, como ocurre en el resto de Cuba. Aunque, a juicio de Cáceres Ocaña, en la población no predominan los casos en situación de vulnerabilidad por las propias particularidades del área. Coexisten dueños de negocios particulares, las grandes industrias del municipio cabecera, cooperativas campesinas, importantes instituciones de los sectores de la Salud y Educación.
“Pero sí tenemos identificados quienes más ayuda necesitan. Un hogar con jubilados precisa de todas las atenciones nuestras y del resto de los factores de la sociedad. Falta en eso mucho por hacer”.
Y deja escapar el nombre de Norges Pérez Concepción, director de la UEB Delicias Rotonda, entidad con la condición de Centro Vanguardia Nacional durante varios años.
La proliferación de vertederos es uno de los problemas del Consejo Popular. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)
“En los últimos tiempos, el tema de los alimentos se nos ha complicado. Pero, por ejemplo, hemos ofertado caldosa. No hemos cerrado las puertas a la caja extra. Cada persona vulnerable sabe que tiene su dinero garantizado cada mes”.
En la agenda de quienes conducen el consejo popular se identifican entre las problemáticas la proliferación de vertederos como consecuencia de indisciplinas sociales e inestabilidad en la recogida de desechos sólidos, la ausencia de agua potable en La Trinchera, salideros, desempleo, así como la poca frecuencia de transporte urbano, el hurto y sacrificio de ganado y equino, así como el consumo de bebidas alcohólicas y drogas.
“En el caso de ese flagelo, es uno de los consejos más afectados de la provincia. Pero, tras la implementación de acciones como barriodebates y el accionar del Ministerio del Interior (Minint), se ha logrado aguantar”, aseguró Cáceres Ocaña.
Un tanto distante de calle Céspedes, con aires más rurales, en la Circunscripción 48 La Rosita, Reina Gisel Lizama Recio, su delegada, mira con orgullo desde el portal de su casa, espigada en una pequeña elevación cuánto se logra con la participación popular y el apoyo de entidades vecinas, el Gobierno del municipio y la provincia y los diputados.
“Hoy contamos con un consultorio del médico y la enfermera de la familia, un punto de venta para productos agropecuarios, una alcantarilla que evita que corran las aguas albañales por la carretera y la puesta en marcha de una bomba de agua potable, que funciona con el uso de un pequeño grupo de paneles solares. En todo eso estuvimos de forma activa los vecinos.
“Igual, colaboramos con el agua fría o el poquito de café. Recientemente, comenzaron las labores que del crematorio. Me fui para allá y dije: ¿En qué hago falta?”.
Y, aunque realmente el panorama de ese fragmento del consejo popular es otro al que ella y su familia encontraron hace 14 años, cuando estrenó su hogar, no deja de alzar su voz en nombre de la comunidad.
“Tengo la insatisfacción de que no exista una ruta de transporte urbano que llegue hasta aquí. Ni tan siquiera los ecomóviles que tanto alivian a gran parte del Consejo Popular”.
Para Magaly Torres esa ausencia se ha convertido en su principal problema. Viene junto a su niña todos los días hasta la institución educativa Manolo Solano. Se sienta en uno de los bancos de calle Céspedes en espera a que la despidan para retomar el mismo camino.
“Está fuerte lo del transporte. Después del mediodía los carritos amarillos se desaparecen de esta zona porque se les acaba la carga. Nosotras ya no tenemos piernas. Hay gente buena que nos recoge. pero, lo común es que vengamos a pie de atrás del sanatorio La Rosita hasta la escuela y, viceversa”.
Alexis Cáceres Ocaña apuesta por auscultar las muchas realidades del Consejo Popular Kilo-12. (Foto: Lisandra Gómez/Escambray)
Cáceres Ocaña frunce el ceño cuando confirma que aún persiste mucha indolencia. Mientras que el rostro se le ilumina, tras recordar los momentos más felices de la comunidad. Combatientes del Minint le devolvieron la vitalidad a la actual sede de La Colmenita Dueños de la Felicidad y al parquecito infantil de calle Céspedes. Lamentablemente, en ese último, rehabilitado en 2021, pocos elementos sobreviven por las arraigadas indisciplinas y ausencia de custodios.
Justo cuando pasa por su frente, Marta Gallego lo mira de reojo. No reside en el Kilo-12. Mas, asegura que conoce de una punta a la otra la populosa arteria ya que una vez al mes la atraviesa para venerar a sus seres más queridos.
“El vandalismo del que ha sido víctima el parquecito está presente en el cementerio. Es el potrero de Don Pío. No hay custodios de noche y los vecinos me han dicho que eso ahí es un oeste. Pocas tumbas y tarjas quedan intactas”.
Ese tema junto al no completamiento de profesionales en la totalidad de los consultorios del médico y la enfermera de la familia, así como la situación higiénico-epidemiológica de la barriada también forman parte de las agendas de quienes integran la dirección del Consejo Popular.
“Nos sentamos con los máximos responsables porque desde aquí no podemos darles la espalda a esas otras realidades de nuestra localidad. Pero, son insuficientes las respuestas”.
PENSAMIENTO Y ESPIRITUALIDAD
Cuando a Juan Carlos González le propusieron asumir el rol de promotor cultural del Consejo Popular Kilo-12 no imaginó cuánto podría hacer. Tras un breve diagnóstico, conoció de la ausencia, desde hace cinco años, de esa labor y la inexistencia de instructores de arte.
“A eso súmale que estamos alejados del sistema institucional cultural. A partir de esos datos, y con el apoyo de Alexis hemos diseñado una estrategia de trabajo con acciones de pensamiento y de ir hacia las escuelas. No esperamos porque suceda a la inversa”.
Ya contabiliza resultados concretos: Por la ruta de Serafín Sánchez con la visita guiada al monumento donde descansa la familia del Paladín de las Tres Guerras, concursos de fotografías digitales sobre el patrimonio comunitario, lecturas intencionadas en instituciones educativas, casas convertidas en galerías, diálogos con artistas visuales y visionado de películas en plena calle.
“Es un puntal contar con la sede de la Colmenita. Disfrutan sus propuestas como cuando hemos logrado traer a las unidades del movimiento de artistas aficionados y profesionales como en el inicio del año con Mi nuevo son. Aunque ha sido casi imposible por la ausencia de combustible. Y es lamentable porque viven una fiesta, sobre todo, porque no tienen diálogos, de otra manera, con nuestros artistas”.
Son muchos sus anhelos, mientras esparce arte por Kilo-12, localidad que califica de habitantes activos y naturales.
“Todo lo que nos hemos trazado también responde al homenaje por el centenario del Comandante en Jefe. Añoramos que se le entregue al Consejo Popular la otrora sede del Joven club. Está, desde hace años, cerrado, deteriorándose. Pudiera convertirse en espacio ideal para seguir sumando mediante las expresiones culturales a muchas más personas”, concluyó.
Es de los convencidos de que en el barrio, espejo real de la nación, están las voces, prácticas y pensamientos a asumir para transformar los contextos en beneficios colectivos.
El parquecito infantil de Kilo-12 ha sido víctima del vandalismo. (Foto: Alien Fernández/Escambray)
Lo experimenta Alexis Cáceres Ocaña, con la experiencia de más de 30 años en el populoso fragmento espirituano donde, desde que el sol calienta, ya unos cuantos kilómetros están ocupados con la venta de diversos productos. Por eso, después de limpiarse las huellas del carbón, saber de su hijo enfermo y acomodar las cosas del hogar sale para vivir su entorno.
“Hay que seguir al pie del cañón porque la premisa de un delegado del Poder Popular es estar al lado de su pueblo. Juntos hemos logrado muchos buenos resultados y podemos obtener más”, lanza como despedida, mientras se adentra en uno de los vericuetos que desembocan en Céspedes norte.Kilo-12: espejo de nación (+fotos) – Escambray
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