Más de 9 000 estudiantes en las 41 escuelas de arte del país regresaron a las aulas para dar inicio a un nuevo período lectivo.
Laura Fuentes Medina
FRAGMENTOS:
El acto central reunió a jóvenes con atriles, a padres abrazando a sus hijos y a maestros dispuestos a aportar su «cuota de sacrificio» para que los estudiantes reciban la mejor enseñanza posible.
Entre esos profesores se encuentra Alexander Machado Crabb, jefe de la cátedra de Cuerdas del centro. Con la experiencia que le dan los años, reconoce los desafíos que se avecinan: «Para los niños, la enseñanza artística es imprescindible. Nuestra base es la constancia, y con los apagones, la falta de agua y el transporte, será un curso difícil. Pero vamos a tener que ponernos creativos».
Machado adelanta que la flexibilidad será clave. «A algunos alumnos tendremos que darles clase en su casa; a otros, citarlos en horarios alternos», explica, al tiempo que asegura que la comunicación con las familias será su mejor herramienta.
El reto de la constancia
Katia Lores, mamá de Nina —una flautista de sexto grado—, observa desde la entrada el ajetreo de los niños y forma parte de esa red de apoyo que los profesores mencionan. «Los padres estamos muy contentos de que haya comenzado el curso —dice con emoción—. El aprendizaje de nuestros niños no puede detenerse».
La joven madre agrega que, «a pesar de todas las condiciones adversas, a diario los profesores de esta escuela hacen un espacio para que los pequeños ensayen, estudien e interactúen».
Alejandra Esquivel Jomarrón, alumna de segundo año de flauta, se ajusta el uniforme con una sonrisa que le ilumina el rostro. «Me siento muy feliz», confiesa mientras sus dedos imitan el recorrido por las llaves del instrumento.
«Desde que entré el año pasado, mi vida cambió. Aquí puedes hacer lo que te gusta, y yo extrañaba mucho a mis amigos y a las maestras. Hasta las clases extrañé; suena raro, pero es verdad».
Alejandra sueña con ser una flautista famosa y, aunque el camino esté lleno de baches, tiene claro que «con estudio y práctica, se puede». Para ella, volver a la escuela era una necesidad: «No hubiera preferido quedarme en casa —dice con firmeza—. Prefiero estudiar con mis amigos». Cuando se le pregunta qué extrañó más durante los meses de vacaciones, confiesa que añoraba «tocar en la banda y ver al profe de Historia, porque da muy buenas clases».
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