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Wednesday, February 4, 2026

SUECIA-FINLANDIA Marcador Proteger los valores académicos es clave para preservar la democracia Gunvor Kronman y Marcelo Knobel 04 de febrero de 2026

 



A mediados de diciembre de 2025, líderes universitarios de Finlandia y Suecia se reunieron en Hanaholmen, el Centro Cultural Sueco-Finlandés en Espoo, Finlandia, para una conferencia de dos días titulada "Universidades y valores nórdicos: equilibrando la preparación y los valores académicos en la educación superior

y la investigación".

El momento no podría haber sido más apropiado. Vivimos en lo que muchos académicos describen como una era de policrisis: una convergencia de crisis de refugiados, pandemias, guerras convencionales e híbridas, tensiones geopolíticas, cambio climático y amenazas a la biodiversidad. En este contexto, las instituciones democráticas y las formas establecidas de cooperación internacional son cada vez más disputadas.

La conferencia reunió a miembros de juntas universitarias, rectores y directores de seguridad para abordar cuestiones fundamentales: ¿Cómo pueden las universidades nórdicas fortalecer la resiliencia democrática de nuestras sociedades frente a la presión externa? ¿Cómo pueden las universidades actuar como actores cohesionados y estabilizadores? ¿Cuál es el papel futuro de las universidades para la sociedad?

Estas preguntas no son nada abstractas. Van al núcleo de lo que son las universidades y de lo que deben llegar a ser en una era en la que los mismos cimientos de la investigación abierta están amenazados.

La paradoja de la seguridad

en la investigación En un mundo de tensiones geopolíticas intensificadas y feroz competencia por el liderazgo tecnológico, la ciencia y la investigación han llegado al corazón mismo de las preocupaciones de seguridad nacional. Evaluar a estudiantes e investigadores internacionales, filtrar fuentes de financiación y colaboraciones, y restringir campos con potencial de doble uso se han vuelto habituales en Europa y más allá.

Dentro de la Unión Europea, la 'seguridad en la investigación' ha surgido como un pilar clave de la agenda más amplia de autonomía estratégica. El término abarca medidas para proteger actividades científicas del mal uso y la influencia indebida de terceros, ya sean estados o actores no estatales, abordando preocupaciones como el espionaje científico, el robo de propiedad intelectual, los ciberataques y los desafíos de doble uso.
Los
gobiernos nacionales están siguiendo el mismo camino: los Países Bajos, por ejemplo, han presentado una legislación que crea una base legal para el cribado de investigadores y estudiantes de máster que trabajan con 'conocimientos sensibles'.

El objetivo detrás de esta securitización —proteger la investigación científica de amenazas externas— puede ser legítimo, pero en la práctica paradójicamente crea nuevos riesgos, arrastrando a la ciencia a la órbita del control político. La narrativa de la seguridad en investigación ilustra lo estrechamente ligada que está la investigación actual a las agendas de seguridad estatal y a las lógicas de innovación impulsadas por el mercado, inclinándola hacia fines políticos y económicos. Al hacerlo, corre el riesgo de socavar la autonomía que estas medidas afirman defender.

Erosión de la libertad

académica El desafío va mucho más allá de las medidas de seguridad. Un informe exhaustivo sobre la erosión de la libertad académica en Europa, encargado por el Consejo de Europa y lanzado en noviembre de 2025, ofrece un análisis sólido basado en la evidencia.

El estudio revela un descenso constante en la libertad académica en los últimos 10-15 años, con violaciones estructurales identificadas en varios estados. La interferencia política surge como una amenaza persistente, junto conPresiones de E, por restricciones internas, hostilidad social, influencia del sector privado y limitaciones relacionadas con la seguridad.

Desde la interferencia política y las leyes restrictivas hasta la pérdida de autonomía institucional y la intimidación de los académicos, el espacio para la investigación independiente y el debate académico se está reduciendo. Los académicos son silenciados y, como resultado, las sociedades pierden voces críticas que salvaguardan la verdad, la rendición de cuentas y los derechos humanos.

Estos hallazgos están en desafortunada paridad con el declive democrático más amplio. El proyecto de investigación global Variedades de la Democracia, coordinado en la Universidad de Gotemburgo, documenta una disminución en el número absoluto de democracias y un debilitamiento relativo de los indicadores de democracia en muchos estados durante las dos últimas décadas.

La correlación no es casualidad: cuando la libertad académica se restringe y elimina, desaparecen los espacios para el debate abierto y honesto. Y cuando desaparece la libertad de decir la verdad y exigir cuentas al poder, la democracia desaparece con ella.

Auge de la autocracia

global Desafortunadamente, no hay países en el mundo que estén inmunes a estas tendencias. En varias partes del mundo, los académicos reciben amenazas porque interactúan con los medios y presentan hechos incómodos. Ha habido varios casos en los que áreas temáticas políticamente controvertidas han sido excluidas de los programas de investigación financiados por el Estado.

De hecho, estamos presenciando un movimiento fuerte y articulado que pretende minimizar o incluso negar los grandes desafíos que enfrenta la humanidad, a menudo motivado por intereses creados. Este movimiento gana impulso en un mundo inundado de un exceso de noticias de fuentes no verificadas y contenido generado por IA, que se propaga rápidamente a través de las redes sociales.

Los llamados trastornos de la información han prosperado con el aumento de la entropía de internet, la falta de comprensión del razonamiento científico y la crisis que enfrentan los medios tradicionales.

El auge de la autocracia global sigue siendo una grave preocupación. Las universidades atraen a algunas de las mentes más brillantes de cualquier país, ya sea en cuanto a profesorado, investigadores o estudiantes. La ciencia es el único camino para superar grandes desafíos, y las universidades, especialmente las que requieren mucha investigación, están mejor posicionadas para generar evidencia científica sólida que genere nuevas soluciones y ayude a formar políticas públicas. Sin embargo, la voz de las universidades respecto a la afrontación de estos desafíos globales sigue siendo apenas audible.

La ciencia como bien

público El reto no es simplemente encontrar el equilibrio adecuado entre apertura, libertad y seguridad. La autonomía y la libertad académica también requieren compromisos positivos para defender la ciencia como un bien público. Las universidades tienen la responsabilidad de garantizar un entorno seguro para el intercambio de conocimientos, la educación y la investigación, al tiempo que se relacionan con la sociedad en general. Reunir estas responsabilidades no es nada fácil.

Un aspecto importante es la financiación estable y predecible que no esté ligada exclusivamente a objetivos políticos o económicos a corto plazo. Esto significa defender la idea de que el valor de la ciencia reside no solo en producir innovaciones útiles, sino también en la búsqueda intrínseca del conocimiento. Si la libertad de la ciencia solo se protege cuando sirve a fines externos, Entonces deja de ser libertad por completo.

La conferencia en Hanaholmen demostró el valor de la cooperación regional para abordar estos desafíos. A principios de esa misma semana, cuando Hanaholmen lanzó el Barómetro Suecia-Finlandia que mide la cantidad y calidad de la interacción entre ambos países, muchos en la audiencia submarcaron la importancia de la cooperación bilateral en la educación superior y la investigación en general, y en la salvaguardia de la libertad académica en particular.

Los talleres y debates de la conferencia se centraron en mejores prácticas concretas para mejorar la preparación ante crisis mediante el aprendizaje entre iguales, manteniendo al tiempo los valores académicos fundamentales. Las universidades de ambos países compartieron sus experiencias en la intersección entre valores y preparación, reconociendo que no tienen por qué ser fuerzas opuestas, sino que pueden reforzarse mutuamente.

Responsabilidad

compartida Las universidades desempeñan un papel crucial en la afrontación de los grandes desafíos que amenazan nuestro futuro global sostenible y pueden ayudar a distinguir entre hechos y ficción. Las universidades necesitan encontrar nuevas formas y plataformas para comunicarse con la sociedad en general, posicionándose para defender la ciencia cuando sea desafiada por grupos de interés.
Los líderes
universitarios también deben animar al profesorado y a los estudiantes de sus campus a participar en debates francos y abiertos sobre grandes cuestiones nacionales y globales, siempre guiados por hechos y evidencias empíricas.

Proteger la autonomía, la libertad académica y los valores académicos fundamentales es una responsabilidad compartida, esencial para preservar la resiliencia democrática. Durante la conferencia, varios líderes académicos mostraron interés en continuar estas conversaciones. Estas discusiones deben conducir a acciones concretas: definir valores fundamentales, identificar vulnerabilidades y comprometerse a defender los principios que mantienen viva la investigación abierta.

La conferencia reunió a líderes que encarnan los llamados valores nórdicos (como la democracia, la igualdad, la confianza, la transparencia y la sostenibilidad, basados en un compromiso con los derechos humanos y la cohesión social), fortaleciendo la colaboración para los tiempos difíciles que se avecinan. El papel fundamental de las universidades en la sociedad debe continuar y evolucionar de forma continua. Nuestras democracias dependen de ello.

Gunvor Kronman es director ejecutivo de Hanaholmen, un centro cultural sueco-finlandés en Espoo, Finlandia. Marcelo Knobel es director ejecutivo de la Academia Mundial de Ciencias para el Avance de la Ciencia en Países en Desarrollo (TWAS) y profesor titular de física en la Universidad de Campinas (UNICAMP), Brasil.

Las ideas y opiniones expresadas aquí son de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la UNESCO.

Este artículo es un comentario. Los artículos de comentario son la opinión de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de 
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Proteger los valores académicos es clave para preservar la democracia

Convocan a participar en campaña educativa y pesquisa de cáncer de piel

 



Tribuna de La Habana

Una nueva esperanza contra las secuelas del Chikungunya

Por su parte, la biotecnología cubana dio un paso relevante al iniciar el desarrollo y evaluación clínica de nuevas aplicaciones del fármaco Jusvinza frente a las secuelas del chikungunya, una enfermedad de impacto sostenido en la salud pública del país.

El acontecimiento marcó la apertura del primer ensayo clínico en Cuba enfocado específicamente en la poliartritis residual asociada a esta arbovirosis, con investigaciones desplegadas en instituciones hospitalarias de La Habana y Matanzas, bajo la conducción del Ministerio de Salud Pública y con la participación del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

El estudio se insertó, además, en una estrategia nacional más amplia para el enfrentamiento integral a las enfermedades transmitidas por vectores.

La elección de Jusvinza como candidato terapéutico respondió a una trayectoria científica acumulada: concebido originalmente en el tratamiento de la artritis reumatoide, el péptido inmunorregulador había sido utilizado previamente en Cuba en el control de procesos hiperinflamatorios en pacientes graves durante la pandemia de COVID-19. En 2025, su exploración frente a las secuelas del chikungunya se consolidó como un hito de la investigación biomédica nacional, al articular experiencia clínica, innovación farmacológica y soberanía. Más allá de los resultados aún en evaluación, el inicio de este proceso evidenció la capacidad del sistema científico cubano para reorientar conocimientos y productos propios ante desafíos sanitarios emergentes.

365 días de ciencia  - Revista Bohemia

Thiago y la luz que sostiene su vida.

 


P ? Quienes pueden ingresar a una carrera universitaria en Cuba ? R. Excepto egresados de preuniversitarios en este curso 25-26, toda persona interesada independientemente de la edad y vínculo laboral puede optar por una carrera universitaria.

 

Ingreso a la Universidad de Matanzas: «Un proceso que garantiza el acceso de todos»

LA HABANA.- El doctor en ciencias Hiram González Alonso, biólogo del Instituto Cubano de Biodiversidad de la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), advirtió que la captura ilegal de aves constituye hoy una amenaza mayor para la avifauna nacional que el cambio climático


Entre las aves más afectadas mencionó la cotorra, el catey, el tomeguín del pinar y el negrito, cuyas poblaciones se reducen por métodos destructivos como la tala de árboles y palmas donde anidan. Adelante - Alerta CITMA sobre peligros de captura ilegal de aves en Cuba

Thursday, January 29, 2026

La investigación científica implica mucha dedicación y grandes sacrificios.

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Los resultados de sus investigaciones científicas se han publicado en revistas de impacto nacionales e internacionales.

Asegura el doctor en Ciencias Juan Emilio Hernández García, profesor y jefe del grupo de comercialización y exportación de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, quien recibió la orden Carlos J. Finlay en reconocimiento a sus más de cuarenta años dedicados a la docencia e investigación

“Desde mi tesis de licenciatura me vinculé a la investigación científica, a partir de ese momento supe que se convertiría en una de las grandes pasiones de mi vida”, confiesa el doctor en Ciencias Juan Emilio Hernández García, profesor y jefe del grupo de comercialización y exportación de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez (UNISS), quien recibió la orden Carlos J. Finlay en reconocimiento a los más de cuarenta años que ha dedicado a la docencia e investigación científicas.

El profe Juan Emilio, como todos lo conocen, se graduó en 1983 en la especialidad de Medicina Veterinaria, una elección que asegura viene de sus raíces campesinas, en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, donde inició su etapa profesional como docente.

Pero, fue en 1994 cuando este villaclareño devenido espirituano decidió quedarse de forma permanente en la villa del Yayabo para incorporarse al claustro de la que hoy conocemos como Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez (UNISS).


El profe Juan Emilio ha cosechado varios reconocimientos, entre ellos: el Premio del ministro, Premio del Rector, la Medalla por la Educación Cubana y por los Cien Años de la Medicina Veterinaria, entre otros.

“Llegué a Sancti Spíritus cuando abrió la Unidad Docente para que los estudiantes de ciertas especialidades realizaran aquí su culminación de estudios; comencé en Managuaco, donde siempre aposté por la vinculación práctica de la teoría que recibían los muchachos, creo que ese aspecto es fundamental para su formación profesional”, precisa.

Durante su camino profesional el profe Juan Emilio vio nacer a la Universidad de Sancti Spíritus, donde ha incursionado en diversas responsabilidades, entre las que destacan director de Ciencia y Técnica, vicerrector para atender la universalización y luego vicerrector de investigación y posgrado.

Pero, como él mismo confirma, regresó a la docencia e investigación, pues es lo que más disfruta. En su versátil carrera profesional ha incursionado en investigaciones asociadas a la calidad de la leche y la mastitis, además de trabajar en todo lo relativo a probióticos y sus principales beneficios para los seres humanos y animales.

Juan junto a sus colegas Kolima Peña y María del Carmen Echevarría, merecedoras también de la orden Carlos J. Finlay.

A propósito de ello, el profe Juan Emilio, junto al Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria y la Universidad Nacional del Litoral en Argentina, formó parte del grupo de expertos que trabajó en un proyecto para aislar determinados microrganismos del tracto gastrointestinal de las abejas con el objetivo de utilizarlo como probiótico, una investigación pionera en Cuba.

“Actualmente trabajamos con el kéfir de agua, otro consorcio microbiano con impacto positivo en la salud de las personas, investigación con la que nos proponemos dar a conocer sus propiedades beneficiosas para el consumo humano, pues en Cuba todavía no es muy conocido”, acota.

Quien, además, reafirma que el vínculo docencia-investigación es fundamental para la vida de los estudiantes y es el que da a los educadores la posibilidad de multiplicarse en sus discípulos para con ellos crear un nexo que los transforma, con el tiempo, en familia.

“La investigación implica mucha dedicación y sacrificios, a veces estamos días enteros en el laboratorio, pues hay proyectos que así lo requieren y debemos asumir la responsabilidad que viene con nuestro trabajo; eso es algo que siempre trasmito a mis muchachos”, confiesa emocionado.

El profesor Juan Emilio ha colaborado con investigaciones científicas en otros países, entre ellos: España, Argentina, Reino Unido, Colombia y México.

Méritos que lo condujeron a recibir la orden Carlos J. Finlay, máximo galardón de la ciencia en Cuba para premiar sus más de cuarenta años de dedicación a la docencia e investigación científica de gran rigor y alto impacto social.

“Este reconocimiento es un compromiso y un catalizador para seguir investigando y enseñando a las próximas generaciones de investigadores; fue un gran orgullo recibirlo junto a muchos colegas en el Aula Magna de la Universidad de La Habana para agradecernos tantos años de entrega al trabajo”, concluye.La investigación científica implica mucha dedicación y grandes sacrificios (+fotos) – Escambray


Gabriela Estrella Cañizares

Universitarios que trabajan.

 



Más de un agobio llevó a Luis Alejandro García a pedir licencia estudiantil. Creyó que una pausa por un año en su carrera de Ingeniería Informática en la Universidad de Sancti Spíritus José Martí (UNISS) aliviaría los tantos torbellinos que le rodeaban.

«Cuando los profesores conocieron mi decisión conversaron conmigo. No quería alejarme de la universidad, por lo que me ofrecieron una plaza en la secretaría de posgrado de mi facultad, la de Ciencias Técnicas y Económicas».

Se reincorporó al estudio en el 2do. año de su carrera mientras mantenía las responsabilidades laborales. Desde entonces, además de encarar sus necesidades económicas, pone en práctica los saberes adquiridos en el aula.

«Trabajo en un sistema para automatizar la introducción de todos los datos que manejamos. Ese es mi proyecto de tesis: me facilitará mi labor y quedará para la universidad», dice.

A su corta edad no le resulta fácil llevar a la par las responsabilidades y exigencias de sus profesores (y a la vez colegas) y el estudio de una carrera que obliga a pasar mucho tiempo frente a textos y computadoras.

«Estoy en la secretaría durante las mañanas y me incorporo a clases después de almuerzo. En ocasiones resulta tedioso, pero hay que hacer el esfuerzo porque para nadie es un secreto que, por muchas razones, estudiar y sostenerse económicamente es bastante complejo en las condiciones que transitamos. Hay que generar ingresos para ayudar a nuestras familias, y si nos organizamos bien, claro que podemos lograrlo».

Según cifras del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social facilitadas a Juventud Rebelde, en Cuba existen 15 920 trabajadores con más de un contrato en el sector estatal; de ellos 7 626 son mujeres y 2 417 son jóvenes. Por otra parte, 2 842 estudiantes trabajan a tiempo parcial en el  propio sector estatal, de ellos 2 103 son universitarios.

En la actualidad 2 842 estudiantes trabajan a tiempo parcial en el sector estatal y, de ellos, 2 103 son universitarios. Foto: Roberto Suárez

Sin embargo, Emanuel López, alumno de la Licenciatura en Contabilidad y Finanzas, luego de experimentar en el sector de la cultura buscó ofertas laborales en las formas de gestión no estatal.

«Laboro con técnicas de impresión por sublimación y a la par administro y llevo datos contables. Esto me obligó a estudiar de forma independiente, porque la decisión de trabajar la tomé al unísono con cambiar de carrera.

«Antes estaba en la Ingeniería Informática, y tanto los aprendizajes de esa especialidad como los que adquiero de forma autodidacta o en la nueva labor me han permitido desempeñarme mucho mejor. Además, tengo buena remuneración económica y todo lo que hago está amparado por un contrato», insiste el joven.

Al principio pensó dejar totalmente el aula o apostar por el Curso por Encuentros. Temía que le resultara imposible mantener la doble carga… Pero no: la asumió con entereza y su vida fluyó.

No todos corren la misma suerte

Trabajar para sustentar los estudios se ha convertido en una práctica común, lícita y respaldada desde la voluntad gubernamental. Muchos jóvenes se multiplican entre compromisos docentes y laborales para lograr llevar a buen término los primeros. Estudiar y trabajar es, sin duda, un camino complejo, retador y a veces necesario.

Puesto en una balanza, el resultado para las nuevas generaciones y la sociedad debe ser de ganar-ganar, tanto en el área del conocimiento y experticia de los futuros profesionales como en la batalla por el sustento cotidiano.

Sin embargo, ante la urgencia de ingresar fondos y el desconocimiento de sus derechos, no pocos se vinculan con empleadores que actúan en ese aspecto al margen de la ley (en el sector no estatal, sobre todo), violando horarios y normas sin el amparo explícito de un contrato laboral.

Daniel, uno de los holguineros entrevistados por Juventud Rebelde, relató haber sorteado varios desafíos durante su tránsito por la educación superior. Primero porque estuvo becado, lejos de casa y de los suyos, y entendió que necesitaba una vía de subsistir en la cabecera provincial.

«En ocasiones me quedaba dormido en el aula por el cansancio. Los profesores no entendían por qué pasaba aquello y me regañaban. En aquel momento me molestaba, pero ahora los entiendo: no sabían cuál era mi situación. Casi nadie lo sabía».

Para sostener sus estudios superiores trabajó en disímiles áreas y negocios privados. Desde ayudante de albañil hasta camarero, mensajero y ayudante de cocina. Siempre trató de ganarse la vida honradamente en esa etapa decisiva y asegura que lo volvería a hacer.

«¿Contrato? Nunca tuve uno. Trabajé por tiempos prolongados en diferentes lugares y nunca me lo exigieron», asegura. Pero más allá de la responsabilidad de quien emplea debe estar la preocupación de los jóvenes por garantizar la legalidad del proceso, algo que, reconocen muchos, no suelen tener en cuenta.

Aunque las cifras no arrojen toda la magnitud del asunto, existe un número considerable de jóvenes que trabajan fuera del registro legal en negocios particulares; por ejemplo, como dependientes nocturnos en bares o cafeterías.

Este asunto muy serio, el propio Ministerio de Trabajo y Seguridad Social lo ha revelado en varias ocasiones como una violación grave de las normas establecidas para cualquier actor económico: un delito que entraña riesgos y resulta sancionable.


Necesidades objetivas

Aníbal, estudiante de Lenguas Extranjeras, también decidió trabajar, más que por la remuneración, por acumular vivencias como futuro docente. En la secundaria básica Carlos Manuel de Céspedes, en Holguín, lo acogieron como uno más: «Quería experimentar cómo era el mundo laboral y aprovechar mi tiempo en algo vinculado con mi carrera para alcanzar luego mayor éxito como profesor de Inglés.

«Primero me acostumbré a estudiar por las noches, pero mis padres me pidieron que dejara el trabajo porque decían que me afectaba en el rendimiento de los estudios, y era verdad que a veces llegaba a la casa cansado y solo tenía deseos de dormir. Luego fui cambiando las dinámicas para priorizar el estudio y emplear el tiempo restante en el trabajo».

El caso del espirituano Cristian Rodríguez es bastante particular. Trabaja desde antes de matricular en la casa de altos estudios y creció, prácticamente, en los pasillos de Radio Sancti Spíritus.

«Decidí no abandonar mi labor, aunque ya solo pueda hacerla los fines de semana, porque me gusta lo que hago y aporto a mi hogar. Si bien la realización de sonido no tributa a mi carrera de Ingeniería Informática, con mis conocimientos sí puedo, y ya lo he hecho al contribuir a la radio cubana».

Para Yamina Isabel Vera, alumna de 2do. año de Ingeniería Industrial, no es ajeno el binomio estudio-trabajo. Como presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la Facultad de Ciencias Técnicas y Económicas de la UNISS ha sido testigo de más de un análisis sobre el tema.

«Hoy son pocos quienes no aprovechan esa oportunidad para garantizar independencia económica. Si bien los pagos no suplen todas las necesidades, sí alivian. En las reuniones insistimos en no bajar la guardia con el estudio. Conocemos opciones de empleo, incluso en nuestra propia universidad, muy factibles para simultanear con la carrera porque no nos desvinculan de nuestra primera responsabilidad: estudiar».

Esta trinitaria es la primera de su carrera que labora en el área de Recursos Humanos de la institución académica. «Este trabajo ha ayudado muchísimo para ganar responsabilidad y crecer», concluyó.

El estipendio

No es secreto que un viaje entre Artemisa y La Habana puede superar los 500 pesos. ¿Cómo paga eso un estudiante que va a casa una vez por semana? Soñar con más es imposible… Incluso cuando disponen de gratuidades, por ejemplo, en la residencia estudiantil o para obtener parte del material escolar, muchos deben complementar sus gastos de alimentación y de artículos imprescindibles de su día a día.

Aunque se impone ver el asunto de forma integradora y multifactorial, en opinión de varios estudiantes, como Indira Santamaría, una de las cuestiones por las que los universitarios destinan tiempo a un empleo es por el bajo estipendio que perciben.

«Cuando se implementó la Tarea Reordenamiento, se valoró una cuantía que hoy, con las condiciones económicas del país, no cubre ni un mínimo de necesidades.

La cifra contemplaba entre 200 y 600 pesos, en dependencia del año que curse el estudiante, y así se ha mantenido. Comerse, por ejemplo, una pizza actualmente en los alrededores de cualquier facultad habanera sobrepasa los 250 pesos, así que imaginen…», reflexiona ella.

A su vez, recuerda que, si bien es cierto que el estipendio es solo una ayuda básica para el estudiante, y no un salario como tal, cree que se deberían valorar acciones en ese sentido, y  que se modifiquen esas cuantías tan bajas que hoy perciben.

Prioridades y proyectos

La sombra en el contorno de los ojos de Alejandra de la Cruz transmite un cansancio acumulado por días. Como quien sostiene su mundo con hilos tensos, ella describe su rutina diaria como «bastante fuerte».

Tratándose de una estudiante de 6to. año de la Facultad de Ciencias Médicas Calixto García, en la capital, su carga académica resulta potente. Sin embargo, ella desarrolla en paralelo otras actividades para asegurar su sustento económico. «Llevo meses cuidando a una señora por un pago mensual en dólares. A veces mis padres me envían dinero, lo que pueden reunir, pero no alcanza», explica.

Así, un frágil rompecabezas de varias piezas envuelve sus días en cálculos e incertidumbre. Manejar esa dualidad estudio-trabajo llega a ser difícil, afirma: «Suelo acostarme tardísimo porque tengo que viajar diario de la facultad a mi casa en Alamar, para luego cuidar a esa persona mayor».

También recibe apoyo de sus padres María Karla Ramos, estudiante de Sicología en la Universidad de La Habana, pero su economía depende en gran medida de su trabajo en una cafetería próxima a su centro de estudios.

El desafío, reconoce, ha sido equilibrar las exigencias. El empleo la ha obligado a organizar mejor su tiempo, y aunque sus calificaciones se mantienen estables, admite que podría rendir más en el aula.

«Lo más difícil es sacrificar actividades sociales o dormir menos para cumplir con todo», confiesa, consciente de que la doble carga le exige disciplina y resistencia: «Es un sacrificio que hago porque quiero salir adelante».

Aunque mantiene su aspiración de ejercer como sicóloga y vivir de lo que estudia, reconoce que, por ahora, debe tirar con lo que aparezca: «No es lo que quiero hacer toda la vida, pero me ayuda a mantenerme sin abandonar mis estudios», recalca convencida de que cada esfuerzo actual es un paso hacia la profesión que sueña ejercer.

Esa línea de ideas también la sigue la artemiseña Saylis Mena, ya en 4to. año de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, para quien estudiar y trabajar implica mayor responsabilidad de la que imaginó al tomar esa decisión.

Numerosos universitarios apuestan por un empleo en el sector no estatal. Foto: Archivo de JR

«La lucha diaria es intentar cumplir con todo, y bien. Es difícil, pero siento que llevar las dos cosas de la mano me ha convertido en una persona más independiente. ¡Sin romantizarlo demasiado!

«Quizá si la situación en el país fuera diferente no tuviera que pensar en cómo estudiar, trabajar y hacer una tesis organizando horarios para que las 24 horas del día me alcancen. Tal vez no me hubiera visto en la obligación de emplearme antes de graduarme para ayudar a mis padres y no sentirme culpable por los gastos que genera el tránsito universitario», confiesa.

Como ella, muchos jóvenes logran contratarse en entidades afines a las profesiones que estudian, lo cual supone un desafío extra para cumplir con ambas misiones. Aun así, ese vínculo refuerza conocimientos, y las experiencias del personal que les rodea también aportan a su formación.

Lo difícil es cuando el empleo elegido, aun cuando ofrece mayores remuneraciones, dista mucho del estudio. Ante esa disputa suele perder el área del conocimiento, comenta la colega en formación. En casos así, algunos sucumben al apremio y abandonan la carrera para sumirse en una oferta tentadora que exige muchas horas de trabajo y ningún nivel escolar.

La historia de José Miguel Sánchez Martínez, estudiante de 2do. año de Comunicación Social en la modalidad de Curso por Encuentro de la Universidad de Oriente, muestra su vida como un acto de malabarismo constante.

«Trabajo como eléctrico en la filial provincial de la empresa Geysel en Santiago de Cuba. Además, colaboro como tatuador en un estudio, y el tiempo que me queda entre semana lo empleo como gestor digital de ventas», enumera.

El suyo es un currículo forjado en la necesidad, que habla de una versatilidad impuesta por las circunstancias. Cada uno de estos oficios le exige un cambio de chip mental y físico frecuente, que algún día puede pasar factura.

A diferencia de lo vivido por sus padres y abuelos, la realidad de estos jóvenes es la de una generación que está aprendiendo, a fuerza de determinación y sacrificio, a ver el título universitario como un trayecto que se recorre con vocación y responsabilidad.

Trabajar para mantener ese sueño los dignifica como hombres y mujeres, y los prepara no solo para aportar mañana, sino desde hoy a la sociedad en la que nacieron y siguen eligiendo como su forja.

Lo suyo no es una comparación vacilante entre el estudio y el trabajo: ven ambos como indispensables para lograr el equilibrio colectivo y personal, y piensan su presente con beneficios inmediatos, sin que Cuba pierda.