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Thursday, August 27, 2026

Se considera que las universidades centradas en la investigación y con estrechos vínculos con emprendedores y científicos ofrecen una ventaja competitiva en el mercado laboral.


Los resultados de los exámenes revelan un creciente interés de los estudiantes por las universidades más nuevas y pequeñas de China.

Se considera que las universidades centradas en la investigación y con estrechos vínculos con emprendedores y científicos ofrecen una ventaja competitiva en el mercado laboral.

 He Huifengin Guangdong

A growing number of China’s top high school students are looking beyond traditional elite universities to smaller, newer, research-intensive institutions that offer curricula focused on technological innovation and its commercialisation.

In Guangdong province, two-year-old Shenzhen University of Advanced Technology and one-year-old Great Bay University, in Dongguan, had minimum admission scores from the national entrance exam above 625 this year, higher than many departments at more established universities, according to data released by the city government of Guangzhou, the provincial capital.

Full article:

Exam scores reveal increased student interest in China’s newer, smaller universities | South China Morning Post


Los cosmeticos en las redes sociales y los menores de edad.

como funciona Alcoholicos Anonimos en Cuba.


 CAMAGÜEY.-La frase despide cada encuentro de Alcohólicos Anónimos. No representa la promesa de una vida perfecta, sino el compromiso de mantenerse sobrio durante un día más. Ese lema resume la filosofía de una comunidad que acompaña a quienes luchan contra la dependencia al alcohol y encuentran en el apoyo mutuo una oportunidad para comenzar de nuevo.

Jimmy Eliécer Escalona, Amigo de Alcohólicos Anónimos (AAA), conoce de cerca esa realidad. Aunque no pertenece a la comunidad como miembro, desde 2011 apoya su labor en Camagüey y promueve un mensaje que, asegura, también transformó su propia manera de entender la solidaridad y el servicio.

¿Por qué Alcohólicos Anónimos afirma que nadie puede recuperarse solo?

—El primer paso consiste en reconocer la enfermedad, pero eso no basta. La persona necesita apoyo. El grupo le demuestra que no está sola y que otros atravesaron experiencias similares. Los doce pasos reúnen conocimientos de la medicina, la psicología y una dimensión espiritual que ayuda a encontrar la fortaleza para mantenerse sobrio. Esa fuerza nace del grupo y de la decisión personal de cambiar.

"Cada encuentro ofrece mucho más que un espacio para hablar. Allí cada historia fortalece a quien escucha y también a quien la comparte".

¿Qué ocurre cuando una persona llega por primera vez a un grupo?

Se convierte en la más importante de la reunión. Todos la reciben con respeto y cariño porque recuerdan el día en que ellos también pidieron ayuda. Nadie juzga, nadie critica. La comunidad comprende el sufrimiento de quien llega y lo acompaña en sus primeros pasos. Incluso cuando alguien recae, encuentra nuevamente una mano tendida para empezar otra vez.

"Nadie supera el alcoholismo solo; la fuerza está en el grupo y en la ayuda de quienes ya recorrieron ese camino".

¿Qué función desempeñan los AAA?

—Somos profesionales que apoyamos desde nuestros conocimientos, pero siempre respetamos las tradiciones de la comunidad. No tomamos decisiones por cuenta propia. Cada propuesta se presenta al grupo y la conciencia colectiva decide cómo actuar. Esa disciplina protege el anonimato y mantiene la independencia.

"La organización se sostiene con las contribuciones voluntarias de sus propios miembros y no acepta donaciones externas que comprometan su autonomía".

¿Qué aprendió después de acercarse a Alcohólicos Anónimos?

—A escuchar, a dejar el protagonismo y a comprender que servir significa acompañar. Descubrí un espacio donde todos trabajan con humildad y donde cada acción busca apoyar a quien todavía sufre por el alcoholismo.

Su experiencia en la radio y el mundo audiovisual también lo llevaron a reflexionar sobre la responsabilidad de comunicar sin vulnerar la identidad de quienes integran la comunidad.

¿Cómo pueden contribuir los medios de comunicación a esa misión?

—Los periodistas pueden transmitir el mensaje sin revelar la identidad de los miembros. La creatividad permite contar estas historias con imágenes, sonidos y testimonios que respeten el anonimato. Lo importante consiste en que más personas sepan que existe un lugar donde pueden encontrar refugio cuando sienten que el alcohol domina sus vidas.

La recuperación no se mide en años, sino en decisiones cotidianas. Cada jornada sin alcohol representa una victoria para quienes un día creyeron haberlo perdido todo. En ese camino, Alcohólicos Anónimos recuerda que siempre habrá un grupo dispuesto a escuchar, acompañar y tender una mano solidaria cuando más se necesita.

Adelante - El reto de vivir "Felices 24 horas"


Tuesday, August 25, 2026

El colmo de la doctora Yadira (+Audio) Por Yanetsy León González/Adelante 30 Marzo 2026


CAMAGÜEY.- Todavía la huele, aunque no con la intensidad que le cogía un mechón cuando pequeñito. Pudiera leerse como un colmo, pero la doctora Yadira Zayas no sabía que su hijo Ernesto tenía trastorno del espectro autista.

Todo iba aparentemente bien, cuando al año y medio de edad notó conductas diferentes: no hablaba, rechazaba al hermano y que le hicieran fotos; solo quería estar con ella, la abuela y el papá; se pegaba a las paredes como buscándoles los ángulos; se concentraba con los carritos y ponía los ojos a la altura del borde de la mesa para ver el movimiento de las ruedas.

En el círculo infantil también se aislaba, entonces procuró una logopeda y una defectóloga. Ante el diagnóstico de la comisión multidisciplinaria, Yadira comenzó a estudiar sobre autismo. De misión en Venezuela supo de un caso, pero en la carrera de Medicina, cuando tuvo oportunidad de recibirlo fue en quinto año, en la rotación por psiquiatría infantil, donde se da aunque no sea trastorno psiquiátrico. 

Ella considera imponderable la profundización en el programa formativo de salud. Como especialista en Medicina General Integral ubicada en consultorio dice que los autistas no figuran en las clasificaciones de pacientes en esa base de la atención primaria.

¿Qué es el autismo? De causa desconocida, pero no es síndrome ni enfermedad ni trastorno genético, sino un desorden neurológico: el sistema nervioso funciona bien por separado. Por eso acudió a la educación especial.

“Mamá dame agua” habló por primera vez, de un tirón, a los cinco años. Ahora cursa segundo grado. Lee y escribe en letra cursiva y de molde. Sabe multiplicar, mas le cuesta restar y sumar porque eso requiere del pensamiento abstracto. Llega a un parque y busca amigos. Trata con ternura a las niñas. Por la memoria visual, piensa Yadira que quizá sea rotulista o diseñador.

Su hijo todavía presenta estereotipias o movimientos involuntarios que lo llevan al mundo que quiere, pero “desconectado” no lo deja porque equivale a perderlo un poquito.

En medio de todo, y con el esposo otra vez de misión, Yadira matriculó la residencia en dermatología, casi al vencer. Por Ernesto aprendió a dar prioridades que sucumbían en las rutinas del hogar, a viajar con su olor, a rescatarlo de mundos ignotos y a confirmarse que existe cuando la besa y la llama Mi Princesa.


Adelante - El colmo de la doctora Yadira (+Audio)

El proceso de detectar el autismo se fundamenta en una evaluación integral de varios factores del desarrollo, no en una única prueba. por *Alberto Jesús Quirantes Hernández. Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente Dr. Salvador Allende en La Habana, Cuba.


 El autismo no es una patología que necesite ser curada, sino una condición que acompaña a la persona a lo largo de su vidaFoto: Tomada de Cuabahora 
  El Trastorno del Espectro de Autismo (TEA) es un término utilizado para agrupar bajo una condición del neurodesarrollo a individuos con características específicas que entran en un amplio abanico de limitaciones en diversas áreas como la comunicación.

 Las personas que presentan este trastorno tienen dificultades para entender situaciones y/o conductas sociales, lo que provoca que se les complejicen comprender señales afectivas, captar expresiones faciales o mantener conversaciones indirectas y sin planificación, no obstante, algunos individuos pueden realizar todas estas interacciones de manera más efectiva, en especial cuando tienen interes MUY específicos y rutinas claras.

El autismo no es una enfermedad que necesite ser curada, sino una condición que acompaña a la persona a lo largo de su vida. Cada persona en el espectro tiene fortalezas, retos y necesidades únicas, por lo que no existe una única forma de manifestar el autismo.

Un diagnóstico temprano y los apoyos adecuados facilitan el desarrollo de habilidades comunicativas, aprendizaje y autonomía, lo que contribuye a una mejor calidad de vida y a una mayor inclusión en la sociedad.

 Detectar el Trastorno del Espectro de Autismo desde el principio es crucial, pues permite reconocer las necesidades específicas de estas personas, así como los apoyos fundamentales para su desarrollo.

 Las primeras señales pueden surgir en los primeros años de vida e incluir dificultades en la comunicación social, poco contacto visual, limitaciones en el habla o patrones de comportamiento repetitivos. Identificar estos signos con antelación favorece intervenciones que benefician el desenvolvimiento del individuo, así como de sus habilidades sociales-afectivas, comunicativas y adaptativas.

 

El diagnóstico implica observaciones clínicas, entrevistas con los padres o cuidadores y el uso de herramientas especializadas para evaluar el desarrollo infantil. Este procedimiento es llevado a cabo por profesionales de la salud y de la rama educativa como pediatras, psicólogos, neurólogos o psiquiatras infantiles, psicopedagogos, quienes examinan el comportamiento del niño en diversas situaciones. El proceso se fundamenta en una evaluación integral de varios factores del desarrollo, no en una única prueba.

 La intervención temprana es uno de los mayores beneficios de un diagnóstico oportuno. Al identificar las necesidades del niño en una edad temprana, se implementan programas educativos y terapéuticos que se ajusten a sus características particulares. Para ayudar al individuo, el diagnóstico temprano es clave, en especial porque proporciona a las familias guía y apoyo. Entender las características del trastorno permite a los padres acceder a recursos, servicios especializados y estrategias que hacen más sencillo el proceso de crianza y acompañan el desarrollo.

 Todos estos elementos y factores promueven una mayor conciencia en los ámbitos educativos y sociales, impulsando la inclusión y el respeto hacia las diferencias que existe dentro del Trastorno del Espectro de Autismo.

 

*Alberto Jesús Quirantes Hernández. Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Docente Dr. Salvador Allende en La Habana, Cuba

Adelante - El trastorno del espectro de autismo y su diagnóstico temprano

Martha Jiménez, rumbo a Art Basel: “El arte te consagra para toda la vida or Yanetsy León González/ Adelante 23 Agosto 2026

 


CAMAGÜEY.- Desde la entrada de la casa la mirada atraviesa el patio. Primero encuentra la vegetación: las hojas que se abren sobre la cabeza, las plantas que ocupan los rincones, las sombras que se mueven con la luz. Después, casi al final, aparece una mujer.

Está pintada en uno de los espacios del fondo, como una presencia que no se entrega de inmediato. Hay que acercarse para descubrirla. Es entonces cuando la casa empieza a parecerse a quien la habita: algo que se va revelando por capas, entre plantas, recuerdos, objetos viejos y obras que todavía esperan su momento.

Estoy en casa de Martha Jiménez, en una de las galerías de su patio, cerca de la entrada de su taller. Conversamos mientras alrededor sucede una vida que parece haber sido cuidadosamente reunida, aunque ella diga que muchas cosas simplemente han ido llegando.

A media conversación tomamos jugo de guayabas blancas recogidas de allí mismo. Natural, sin azúcar añadida. Dulce y fresco. Martha habla y yo miro alrededor: la granada, las máquinas de coser, las gallinas, las plantas, las obras. Y pienso que quizá no había mejor lugar para conversar con una artista cuya obra también parece haber nacido de aprender a mirar.

“La observación lo da todo”, me dirá más tarde.


LA NOTICIA

La conversación comienza con una noticia que parece demasiado grande para ese patio: Martha Jiménez acaba de ser seleccionada para participar nuevamente en Art Basel, una de las ferias de arte más importantes del mundo, en su edición de 2026.

Ella lo cuenta todavía con una mezcla de sorpresa y responsabilidad.

“La primera noticia me sorprendió porque participar en un evento de esa índole... Bueno, yo a veces voy y no conozco bien. Cuando participo digo: “Ay, pero ¿adónde estoy?”. Mi carácter, mi forma de ser es así”.

Ahora sabe dónde está. Y también sabe lo que tendrá que hacer. La feria será en diciembre. Presentará minimurales y escultura, esta última todavía en proceso. La había presentado como proyecto y ahora toca convertirla en obra.

“Tengo que trabajar muy fuerte para eso porque la feria es en diciembre, pero estoy aterrizada para trabajar”.

La frase podría parecer sencilla. Pero detrás hay una mujer que sabe lo que significa producir desde Cuba, con los tiempos, las dificultades y hasta el calor de estos días. Ella misma se ríe al recordar que a veces se sorprende de las cosas que ha conseguido.

Hace poco revisaba los reconocimientos de su trayectoria cuando encontró uno que decía “Premio de Continente”. ¿Premio de continente?, se preguntó. Después reparó en la dimensión de aquella palabra: “Nunca asimilo lo que me sucede y lo que he hecho”.

Quizás esa sea una de las características más entrañables de Martha: la distancia entre la magnitud de una trayectoria y la naturalidad con que ella la cuenta. No parece hablar desde el pedestal de los premios, sino desde el taller. Desde el trabajo



UNA VIDA HECHA DE ETAPAS

Ha habido muchas Marthas en una sola Martha. Hubo un tiempo en que se enamoró del trabajo infantil. “Adoro los niños”, dice. Quería hacer cosas con ellos y terminó participando en eventos internacionales, en países como Checoslovaquia y Polonia, donde recibió reconocimientos por esa labor.

Antes había trabajado con personas mayores. Reunió a adultos, entre ellos médicos y otros profesionales que habían soñado alguna vez con pintar un cuadro, y consiguió que llegaran a realizar exposiciones personales.

“Fue un trabajo muy interesante con las personas adultas, y era un trabajo muy agradecido”.

Hay una frase suya que explica por qué recuerda aquella experiencia con tanta claridad: “Si no hubo un premio de otro tipo, hay un reconocimiento en esas personas que nunca van a olvidar”.

También estuvo la etapa de ser madre y artista al mismo tiempo. Sus tres hijos crecieron viéndola trabajar. Ella lo hacía, muchas veces, durante la noche o la madrugada.

Mientras tanto, llevaba alimentos a la Universidad de La Habana en cajas para el mes completo, entre el Vedado y la Cujae.

“Creo que he tenido una fuerza física y mental y logré lo que ellos querían. Fue muy difícil”.

Lo dice sin dramatismo. Como quien recuerda una época en la que simplemente había que hacerlo todo.

Sus hijos no se convirtieron en artistas como ella. Pero el arte quedó de algún modo en la familia. El varón tiene, según Martha, un conocimiento extraordinario de la teoría del arte y una capacidad para valorar la música, el cine y las distintas manifestaciones. Los otros encontraron sus propios caminos.

“Como yo trabajaba tanto infantil, los puse a todos en el grupo, y cogieron premios”.

Ahora mira también hacia la generación que viene. Ha visto trabajar a su bisnieta y cree que tiene talento. Habla entonces de los niños y de una de las primeras cosas que, a su juicio, hay que enseñarles: ocupar el espacio.

Recuerda una regla de psicología relacionada con los tamaños en los dibujos infantiles. Cuando un niño amplía las figuras, dice, puede haber una sensación de que las necesidades espirituales de su casa están resueltas; cuando dibuja todo muy pequeño, hay que prestar atención.

“Uno le tiene que enseñar que hay que ocupar el espacio”.

Para Martha, el arte no consiste únicamente en formar artistas: “No es que el niño vaya a ser pintor y vaya a ser escultor. Tienen que verlo como una modificación en el ser humano porque el arte nutre todo en la vida”.

LA ARCILLA Y CAMAGÜEY

Martha no nació en Camagüey, pero hace mucho que la ciudad forma parte de su biografía. Vino para trabajar y aquí se quedó. Una de las primeras cosas que encontró fue la arcilla: “Era una maravilla”.

Trabajarla terminó convirtiéndose en una de las decisiones fundamentales de su carrera y de allí salió una obra que reconoce como la más fuerte de su trayectoria: la cerámica.

Por eso, cuando viajaba a eventos, aprovechaba para hablar de esta tierra: “Vayan a Camagüey que la arcilla de Camagüey es única”.

Hay algo de esa materia en la historia de su casa actual. También ella ha sido modelada, adaptada, transformada. El primer taller fue mucho más pequeño: la cocina, un pedazo corto de patio. Pero allí cabía el trabajo.

“Se hace con un amor que tú no sientes ni la pared, ni el ruido, ni sientes nada”.

Desde entonces han cambiado los espacios, pero no esa necesidad de crear.

UN PATIO LLENO DE MEMORIA

En el patio de Martha hay cosas que podrían parecer casuales hasta que ella empieza a explicar de dónde vienen.

Están las máquinas de coser que han sido un símbolo para representar a su madre. Algunas personas se las han llevado y se las han entregado porque saben que terminarán encontrando un lugar allí. Piezas viejas, oxidadas, detenidas en el tiempo. A su alrededor, sin embargo, parecen esperar otra oportunidad: en manos de Martha, lo gastado todavía puede volver a tener una vida.

Más allá está el pequeño gallinero, un espacio rectangular protegido con malla. Dentro, un gallo, una gallina y algún polluelo continúan una tradición familiar: “Mi mamá tenía siempre gallos y gallinas, y siempre los he tenido en el patio”.

No los cría para comerlos. “Yo no me como eso ni loca”. Los conserva por tradición. Como conserva las plantas.

La yagruma. Los cocoteros que ahora preocupan a su hija Tania porque alguno podría terminar cayendo sobre la cabeza de alguien. La vegetación que ella quisiera llevar incluso hasta las habitaciones y la cocina.

“No hay cosa más nutriente, más que te puede dar que la vegetación”.

Cuenta que desde niña tuvo esa inclinación. Durante las vacaciones iba al campo y terminó aprendiendo, de una manera u otra, a relacionarse con las plantas.

“Es que salió a mi mamá”, decía su madre. Pero Martha enseguida corrige la genealogía: en realidad había salido a su abuela. Así funciona su memoria: una cosa conduce a otra. Una planta lleva a una abuela. Una máquina de coser lleva a la madre. Una granada lleva a Eusebio Leal.

LA GRANADA

La planta está allí, cerca de nosotras. Martha habla de Eusebio Leal y recuerda una disertación suya sobre la granada, sobre su importancia. Después conoció también la leyenda de la fruta a través de un pastor de una iglesia.

Ella consiguió su planta. La sembró. La tiene en casa.

“Para mí esa persona, en qué lugar ponerla, está presente”. Habla de Eusebio como alguien que le permitió conocer más allá de sí misma: “Conocer genios como él, de la literatura, vincularte con ellos te hacen conocer la vida”.

Luego mira la granada y me hace una promesa pequeña, íntima, casi doméstica:

“Cuando tenga una voy a dedicártela”.

Una granada dedicada. Hay algo hermoso en ese gesto. Quizá porque toda conversación con Martha parece terminar convirtiéndose en una forma de intercambio: alguien le entrega una historia, una planta, una máquina, una enseñanza; ella la conserva, la transforma y, algún día, devuelve algo.

MIRAR ANTES DE CREAR

Martha es una persona callada y observadora. Se lo digo.

La observación, responde, es parte de su vida y una forma de meditación. Recuerda a sus grandes profesores y una regla que aprendió de ellos: observar durante 15 minutos y trabajar durante cinco.

“Es decir, era mayor el tiempo de observación”.

En esa regla aparecen los nombres de Sosabravo, Camel, Mariano. Y vuelve a repetir: “La observación lo da todo”.

Ahora entiendo un poco mejor la figura que encontré al fondo del patio. Desde la entrada, apenas se distingue entre las hojas. Hay que acercarse. La mirada tiene que atravesar el jardín, detenerse, buscar. Como una obra. Como una casa. Como una persona.

Martha me enseña entonces los murales con los que quiere cubrir las paredes del patio. Y la casa empieza a revelar otra de sus dimensiones: ella misma ha ido modelando el espacio de acuerdo con su manera de ver.

No se trata solamente de vivir allí. Se trata de construir alrededor una visión.

Ella dice que está aquí casi como en un bosque: “A mí afuera no me importa nada. Yo entro aquí y puedo estar un mes sin salir allá afuera”.

No parece decirlo desde el encierro, sino desde el refugio.

“Todo lo visualizo, lo palpito, y estoy bien. Mentalmente y visualmente todo me ayuda”.

LO QUE TODAVÍA ESTÁ POR HACER

En el taller quedan las obras empezadas. Una serie de las amigas. Carboncillos. Una serie que comenzó con tijeras. Y «El secreto de mis cabras», una obra que le encanta porque las cabras también forman parte de esas obsesiones particulares que vuelven una y otra vez.

Pero muchas cosas están detenidas. No por falta de ideas. Por el tiempo. Los viajes, los compromisos, las obligaciones y ahora Art Basel obligan a escoger. Así que toca cambiar de rumbo y ponerse para la feria.

Hay algo casi circular en la escena: una artista que ha dedicado buena parte de su vida a mirar y que ahora, a los tiempos de una nueva oportunidad internacional, debe dejar algunas obras en pausa para terminar otras.

La mujer que ha convertido patios, cocinas, arcilla, niños, plantas, animales y recuerdos en materia de creación vuelve a enfrentarse a un plazo.

Diciembre. Art Basel. Trabajo.

LA FAMILIA COMO PRINCIPIO

Antes de despedirnos, Martha habla de sus padres.

Su padre era un hombre lector, con una inteligencia que ella recuerda especialmente. Tenía un cargo importante en un central, había estudiado hasta técnico medio, había viajado. Su madre era noble, tranquila, de pocas palabras.

Fue su padre quien supo ver algo en ella y encaminó ese talento. A la entrada de la casa, en uno de los muebles donde tiene sus trofeos está la cajita de música que le regaló su padre, atesorada como uno de sus grandes premios junto a una vasija obsequiada por su maestro Sosabravo.

Por eso, cuando le pregunto qué consejo daría en este momento en que tantas veces la mirada sobre la vida se queda atrapada en lo negativo, no empieza hablando de arte. Habla de la familia.

“Lo principal que yo veo del mundo y de la vida es la familia. Lo más grande es la familia”.

Después vuelve al arte, porque para ella ambas cosas parecen inseparables.

Dice que el arte no cura como un antibiótico ni quita los dolores, pero sí transforma la mente. Que acercar a los niños al arte desde la cuna puede ofrecerles otras oportunidades. Que cada persona es, en alguna medida, lo que la familia le permitió ser.

Y entonces deja otra de esas frases que parecen sencillas hasta que una las escucha después de conocer un poco su historia: “Vivir para el arte, ojalá”.

ANTES DE DICIEMBRE

Cuando nos despedimos, la granada sigue allí.

También las máquinas de coser, las gallinas, las otras plantas y las obras que esperan.

Quizá dentro de unos meses alguna de esas piezas que ahora permanecen detenidas vuelva a ocupar el lugar que Martha le tiene reservado. Quizá la mujer del fondo del patio quede rodeada por nuevos murales. Quizá madure la granada que prometió dedicarme.

Y mientras tanto, en esa casa que ella ha ido transformando según su propia manera de mirar, Martha Jiménez prepara su regreso a Art Basel.

No parece demasiado preocupada por la magnitud de la frase. Está preocupada por trabajar.

Porque después de una vida de premios, viajes, hijos, arcilla, niños, adultos mayores, exposiciones y obras, quizá siga funcionando aquella antigua regla de sus profesores: mirar mucho y después hacer.

Martha mira.

Y ahora tiene hasta diciembre para hacer.

Adelante - Martha Jiménez, rumbo a Art Basel: “El arte te consagra para toda la vida”

Sunday, June 14, 2026

Crónica de domingo: El poco descanso de los justos

 El día me ha golpeado fuerte. Me pateó las costillas. Me atenazó los hombros. Me hizo añicos el cerebro. No soy un hombre, sino un refugiado de guerra con la cara tiznada de carbón en vez de pólvora. No soy un hombre, sino un peregrino con los pies destrozados por recorrer las iglesias de la santa carne a 800 pesos la libra. No soy un hombre, sino una cansada criatura que necesita dormir para convertirse otra vez en lo más parecido posible a una persona.

Lanzo los escombros de mí sobre el lecho. No tengo fuerzas siquiera para sentarme con calma. Ella está al otro lado del colchón. Ya duerme. Envidio su manera de desconectarse de la realidad. Entre ambos hay un ventilador recargable. De esa manera nos corresponde la misma cantidad de fresco.

Sin embargo, este resulta un alivio pobre. La potencia del aparato no basta para espantar este calor húmedo, metiche, sin final ni principio del casi verano de Cuba. El ventanal está abierto de par en par; no obstante, corre solo una mínima brisa. Esta trae consigo los olores del basurero cercano. Perfumes de cartón embarrado de huevo. Colonia de pepino echado a perder. Aromas de vertedero Gucci.

Autor: Guillermo Carmona Rodríguez


Sudo y sudo. Imprimo mi contorno en la sábana. Pienso en las líneas blancas con las cuales marcan los cadáveres en las escenas del crimen. Trato de ser eso, un cuerpo en reposo absoluto; pero un mosquito me pica en el empeine y me recuerda mi propia mortalidad, lo jodidamente vivo que estoy y, por tanto, todo el dolor que puedo llegar a sentir.

De los cuatro bombillos del ventilador solo queda encendido uno. No durará demasiado. Pusieron la corriente en la tarde dos días atrás. El equipo no ha podido cargarse por completo, tampoco las lámparas.

El cuarto está a oscuras. La única claridad proviene de la luz reminiscente de la casa del vecino, donde hay una planta eléctrica. Qué triste recordar cómo se siente dormir una noche entera con electricidad. A veces es como si tratara de rememorar mis reencarnaciones pasadas, cuando fui árbol de azahar o pocero en un pueblo de la Ruta de la Seda o yo mismo cinco años antes.

Agarro un poco de sueño, pero me preocupa el momento exacto cuando no oiga las aspas girar. Ahí me terminaré de derretir. Me convertiré en sudor. Transitaré de sólido a líquido. Me filtraré por la guata y desapareceré. Quiero creer que cuando eso suceda no me enteraré, porque estaré rendido, inconsciente. Si por un milagro de los dioses, quienes emplean las calderas de las termoeléctricas como tambores sagrados, la corriente llegara, habría que levantarse a ablandar frijoles, encender la turbina, cargar los móviles, terminar de centrifugar la ropa en el corazón de la lavadora. No sé si deseo eso, aunque lo necesitamos.

Caigo en una media nada. Aún no duermo, pero tampoco estoy despierto. Creo que alcancé mi cometido. Unas voces altas me sacan de la modorra. Algunos vecinos salieron a la calle. Se gritan los unos a los otros. Me asomo al ventanal. Alguien aprovechó la oscuridad para prenderle candela al basurero. Ella no se entera de nada, realmente envidio demasiado la impasibilidad suya, semejante al mármol de los ángeles.

El incendio se ha expandido rápido. La gente teme que se propague a los hogares cercanos. Le lanzan un par de cubos de agua. Lo sofocan, al revolver los deshechos con haraganes. Al final, logran apagarlo. Mas, la algarabía interrumpe mis intentos de llegar al sueño de los justos. Hoy no dormiré.Crónica de domingo: El poco descanso de los justos - Periódico Girón