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Tuesday, August 25, 2026

Martha Jiménez, rumbo a Art Basel: “El arte te consagra para toda la vida or Yanetsy León González/ Adelante 23 Agosto 2026

 


CAMAGÜEY.- Desde la entrada de la casa la mirada atraviesa el patio. Primero encuentra la vegetación: las hojas que se abren sobre la cabeza, las plantas que ocupan los rincones, las sombras que se mueven con la luz. Después, casi al final, aparece una mujer.

Está pintada en uno de los espacios del fondo, como una presencia que no se entrega de inmediato. Hay que acercarse para descubrirla. Es entonces cuando la casa empieza a parecerse a quien la habita: algo que se va revelando por capas, entre plantas, recuerdos, objetos viejos y obras que todavía esperan su momento.

Estoy en casa de Martha Jiménez, en una de las galerías de su patio, cerca de la entrada de su taller. Conversamos mientras alrededor sucede una vida que parece haber sido cuidadosamente reunida, aunque ella diga que muchas cosas simplemente han ido llegando.

A media conversación tomamos jugo de guayabas blancas recogidas de allí mismo. Natural, sin azúcar añadida. Dulce y fresco. Martha habla y yo miro alrededor: la granada, las máquinas de coser, las gallinas, las plantas, las obras. Y pienso que quizá no había mejor lugar para conversar con una artista cuya obra también parece haber nacido de aprender a mirar.

“La observación lo da todo”, me dirá más tarde.


LA NOTICIA

La conversación comienza con una noticia que parece demasiado grande para ese patio: Martha Jiménez acaba de ser seleccionada para participar nuevamente en Art Basel, una de las ferias de arte más importantes del mundo, en su edición de 2026.

Ella lo cuenta todavía con una mezcla de sorpresa y responsabilidad.

“La primera noticia me sorprendió porque participar en un evento de esa índole... Bueno, yo a veces voy y no conozco bien. Cuando participo digo: “Ay, pero ¿adónde estoy?”. Mi carácter, mi forma de ser es así”.

Ahora sabe dónde está. Y también sabe lo que tendrá que hacer. La feria será en diciembre. Presentará minimurales y escultura, esta última todavía en proceso. La había presentado como proyecto y ahora toca convertirla en obra.

“Tengo que trabajar muy fuerte para eso porque la feria es en diciembre, pero estoy aterrizada para trabajar”.

La frase podría parecer sencilla. Pero detrás hay una mujer que sabe lo que significa producir desde Cuba, con los tiempos, las dificultades y hasta el calor de estos días. Ella misma se ríe al recordar que a veces se sorprende de las cosas que ha conseguido.

Hace poco revisaba los reconocimientos de su trayectoria cuando encontró uno que decía “Premio de Continente”. ¿Premio de continente?, se preguntó. Después reparó en la dimensión de aquella palabra: “Nunca asimilo lo que me sucede y lo que he hecho”.

Quizás esa sea una de las características más entrañables de Martha: la distancia entre la magnitud de una trayectoria y la naturalidad con que ella la cuenta. No parece hablar desde el pedestal de los premios, sino desde el taller. Desde el trabajo



UNA VIDA HECHA DE ETAPAS

Ha habido muchas Marthas en una sola Martha. Hubo un tiempo en que se enamoró del trabajo infantil. “Adoro los niños”, dice. Quería hacer cosas con ellos y terminó participando en eventos internacionales, en países como Checoslovaquia y Polonia, donde recibió reconocimientos por esa labor.

Antes había trabajado con personas mayores. Reunió a adultos, entre ellos médicos y otros profesionales que habían soñado alguna vez con pintar un cuadro, y consiguió que llegaran a realizar exposiciones personales.

“Fue un trabajo muy interesante con las personas adultas, y era un trabajo muy agradecido”.

Hay una frase suya que explica por qué recuerda aquella experiencia con tanta claridad: “Si no hubo un premio de otro tipo, hay un reconocimiento en esas personas que nunca van a olvidar”.

También estuvo la etapa de ser madre y artista al mismo tiempo. Sus tres hijos crecieron viéndola trabajar. Ella lo hacía, muchas veces, durante la noche o la madrugada.

Mientras tanto, llevaba alimentos a la Universidad de La Habana en cajas para el mes completo, entre el Vedado y la Cujae.

“Creo que he tenido una fuerza física y mental y logré lo que ellos querían. Fue muy difícil”.

Lo dice sin dramatismo. Como quien recuerda una época en la que simplemente había que hacerlo todo.

Sus hijos no se convirtieron en artistas como ella. Pero el arte quedó de algún modo en la familia. El varón tiene, según Martha, un conocimiento extraordinario de la teoría del arte y una capacidad para valorar la música, el cine y las distintas manifestaciones. Los otros encontraron sus propios caminos.

“Como yo trabajaba tanto infantil, los puse a todos en el grupo, y cogieron premios”.

Ahora mira también hacia la generación que viene. Ha visto trabajar a su bisnieta y cree que tiene talento. Habla entonces de los niños y de una de las primeras cosas que, a su juicio, hay que enseñarles: ocupar el espacio.

Recuerda una regla de psicología relacionada con los tamaños en los dibujos infantiles. Cuando un niño amplía las figuras, dice, puede haber una sensación de que las necesidades espirituales de su casa están resueltas; cuando dibuja todo muy pequeño, hay que prestar atención.

“Uno le tiene que enseñar que hay que ocupar el espacio”.

Para Martha, el arte no consiste únicamente en formar artistas: “No es que el niño vaya a ser pintor y vaya a ser escultor. Tienen que verlo como una modificación en el ser humano porque el arte nutre todo en la vida”.

LA ARCILLA Y CAMAGÜEY

Martha no nació en Camagüey, pero hace mucho que la ciudad forma parte de su biografía. Vino para trabajar y aquí se quedó. Una de las primeras cosas que encontró fue la arcilla: “Era una maravilla”.

Trabajarla terminó convirtiéndose en una de las decisiones fundamentales de su carrera y de allí salió una obra que reconoce como la más fuerte de su trayectoria: la cerámica.

Por eso, cuando viajaba a eventos, aprovechaba para hablar de esta tierra: “Vayan a Camagüey que la arcilla de Camagüey es única”.

Hay algo de esa materia en la historia de su casa actual. También ella ha sido modelada, adaptada, transformada. El primer taller fue mucho más pequeño: la cocina, un pedazo corto de patio. Pero allí cabía el trabajo.

“Se hace con un amor que tú no sientes ni la pared, ni el ruido, ni sientes nada”.

Desde entonces han cambiado los espacios, pero no esa necesidad de crear.

UN PATIO LLENO DE MEMORIA

En el patio de Martha hay cosas que podrían parecer casuales hasta que ella empieza a explicar de dónde vienen.

Están las máquinas de coser que han sido un símbolo para representar a su madre. Algunas personas se las han llevado y se las han entregado porque saben que terminarán encontrando un lugar allí. Piezas viejas, oxidadas, detenidas en el tiempo. A su alrededor, sin embargo, parecen esperar otra oportunidad: en manos de Martha, lo gastado todavía puede volver a tener una vida.

Más allá está el pequeño gallinero, un espacio rectangular protegido con malla. Dentro, un gallo, una gallina y algún polluelo continúan una tradición familiar: “Mi mamá tenía siempre gallos y gallinas, y siempre los he tenido en el patio”.

No los cría para comerlos. “Yo no me como eso ni loca”. Los conserva por tradición. Como conserva las plantas.

La yagruma. Los cocoteros que ahora preocupan a su hija Tania porque alguno podría terminar cayendo sobre la cabeza de alguien. La vegetación que ella quisiera llevar incluso hasta las habitaciones y la cocina.

“No hay cosa más nutriente, más que te puede dar que la vegetación”.

Cuenta que desde niña tuvo esa inclinación. Durante las vacaciones iba al campo y terminó aprendiendo, de una manera u otra, a relacionarse con las plantas.

“Es que salió a mi mamá”, decía su madre. Pero Martha enseguida corrige la genealogía: en realidad había salido a su abuela. Así funciona su memoria: una cosa conduce a otra. Una planta lleva a una abuela. Una máquina de coser lleva a la madre. Una granada lleva a Eusebio Leal.

LA GRANADA

La planta está allí, cerca de nosotras. Martha habla de Eusebio Leal y recuerda una disertación suya sobre la granada, sobre su importancia. Después conoció también la leyenda de la fruta a través de un pastor de una iglesia.

Ella consiguió su planta. La sembró. La tiene en casa.

“Para mí esa persona, en qué lugar ponerla, está presente”. Habla de Eusebio como alguien que le permitió conocer más allá de sí misma: “Conocer genios como él, de la literatura, vincularte con ellos te hacen conocer la vida”.

Luego mira la granada y me hace una promesa pequeña, íntima, casi doméstica:

“Cuando tenga una voy a dedicártela”.

Una granada dedicada. Hay algo hermoso en ese gesto. Quizá porque toda conversación con Martha parece terminar convirtiéndose en una forma de intercambio: alguien le entrega una historia, una planta, una máquina, una enseñanza; ella la conserva, la transforma y, algún día, devuelve algo.

MIRAR ANTES DE CREAR

Martha es una persona callada y observadora. Se lo digo.

La observación, responde, es parte de su vida y una forma de meditación. Recuerda a sus grandes profesores y una regla que aprendió de ellos: observar durante 15 minutos y trabajar durante cinco.

“Es decir, era mayor el tiempo de observación”.

En esa regla aparecen los nombres de Sosabravo, Camel, Mariano. Y vuelve a repetir: “La observación lo da todo”.

Ahora entiendo un poco mejor la figura que encontré al fondo del patio. Desde la entrada, apenas se distingue entre las hojas. Hay que acercarse. La mirada tiene que atravesar el jardín, detenerse, buscar. Como una obra. Como una casa. Como una persona.

Martha me enseña entonces los murales con los que quiere cubrir las paredes del patio. Y la casa empieza a revelar otra de sus dimensiones: ella misma ha ido modelando el espacio de acuerdo con su manera de ver.

No se trata solamente de vivir allí. Se trata de construir alrededor una visión.

Ella dice que está aquí casi como en un bosque: “A mí afuera no me importa nada. Yo entro aquí y puedo estar un mes sin salir allá afuera”.

No parece decirlo desde el encierro, sino desde el refugio.

“Todo lo visualizo, lo palpito, y estoy bien. Mentalmente y visualmente todo me ayuda”.

LO QUE TODAVÍA ESTÁ POR HACER

En el taller quedan las obras empezadas. Una serie de las amigas. Carboncillos. Una serie que comenzó con tijeras. Y «El secreto de mis cabras», una obra que le encanta porque las cabras también forman parte de esas obsesiones particulares que vuelven una y otra vez.

Pero muchas cosas están detenidas. No por falta de ideas. Por el tiempo. Los viajes, los compromisos, las obligaciones y ahora Art Basel obligan a escoger. Así que toca cambiar de rumbo y ponerse para la feria.

Hay algo casi circular en la escena: una artista que ha dedicado buena parte de su vida a mirar y que ahora, a los tiempos de una nueva oportunidad internacional, debe dejar algunas obras en pausa para terminar otras.

La mujer que ha convertido patios, cocinas, arcilla, niños, plantas, animales y recuerdos en materia de creación vuelve a enfrentarse a un plazo.

Diciembre. Art Basel. Trabajo.

LA FAMILIA COMO PRINCIPIO

Antes de despedirnos, Martha habla de sus padres.

Su padre era un hombre lector, con una inteligencia que ella recuerda especialmente. Tenía un cargo importante en un central, había estudiado hasta técnico medio, había viajado. Su madre era noble, tranquila, de pocas palabras.

Fue su padre quien supo ver algo en ella y encaminó ese talento. A la entrada de la casa, en uno de los muebles donde tiene sus trofeos está la cajita de música que le regaló su padre, atesorada como uno de sus grandes premios junto a una vasija obsequiada por su maestro Sosabravo.

Por eso, cuando le pregunto qué consejo daría en este momento en que tantas veces la mirada sobre la vida se queda atrapada en lo negativo, no empieza hablando de arte. Habla de la familia.

“Lo principal que yo veo del mundo y de la vida es la familia. Lo más grande es la familia”.

Después vuelve al arte, porque para ella ambas cosas parecen inseparables.

Dice que el arte no cura como un antibiótico ni quita los dolores, pero sí transforma la mente. Que acercar a los niños al arte desde la cuna puede ofrecerles otras oportunidades. Que cada persona es, en alguna medida, lo que la familia le permitió ser.

Y entonces deja otra de esas frases que parecen sencillas hasta que una las escucha después de conocer un poco su historia: “Vivir para el arte, ojalá”.

ANTES DE DICIEMBRE

Cuando nos despedimos, la granada sigue allí.

También las máquinas de coser, las gallinas, las otras plantas y las obras que esperan.

Quizá dentro de unos meses alguna de esas piezas que ahora permanecen detenidas vuelva a ocupar el lugar que Martha le tiene reservado. Quizá la mujer del fondo del patio quede rodeada por nuevos murales. Quizá madure la granada que prometió dedicarme.

Y mientras tanto, en esa casa que ella ha ido transformando según su propia manera de mirar, Martha Jiménez prepara su regreso a Art Basel.

No parece demasiado preocupada por la magnitud de la frase. Está preocupada por trabajar.

Porque después de una vida de premios, viajes, hijos, arcilla, niños, adultos mayores, exposiciones y obras, quizá siga funcionando aquella antigua regla de sus profesores: mirar mucho y después hacer.

Martha mira.

Y ahora tiene hasta diciembre para hacer.

Adelante - Martha Jiménez, rumbo a Art Basel: “El arte te consagra para toda la vida”

Sunday, June 14, 2026

Crónica de domingo: El poco descanso de los justos

 El día me ha golpeado fuerte. Me pateó las costillas. Me atenazó los hombros. Me hizo añicos el cerebro. No soy un hombre, sino un refugiado de guerra con la cara tiznada de carbón en vez de pólvora. No soy un hombre, sino un peregrino con los pies destrozados por recorrer las iglesias de la santa carne a 800 pesos la libra. No soy un hombre, sino una cansada criatura que necesita dormir para convertirse otra vez en lo más parecido posible a una persona.

Lanzo los escombros de mí sobre el lecho. No tengo fuerzas siquiera para sentarme con calma. Ella está al otro lado del colchón. Ya duerme. Envidio su manera de desconectarse de la realidad. Entre ambos hay un ventilador recargable. De esa manera nos corresponde la misma cantidad de fresco.

Sin embargo, este resulta un alivio pobre. La potencia del aparato no basta para espantar este calor húmedo, metiche, sin final ni principio del casi verano de Cuba. El ventanal está abierto de par en par; no obstante, corre solo una mínima brisa. Esta trae consigo los olores del basurero cercano. Perfumes de cartón embarrado de huevo. Colonia de pepino echado a perder. Aromas de vertedero Gucci.

Autor: Guillermo Carmona Rodríguez


Sudo y sudo. Imprimo mi contorno en la sábana. Pienso en las líneas blancas con las cuales marcan los cadáveres en las escenas del crimen. Trato de ser eso, un cuerpo en reposo absoluto; pero un mosquito me pica en el empeine y me recuerda mi propia mortalidad, lo jodidamente vivo que estoy y, por tanto, todo el dolor que puedo llegar a sentir.

De los cuatro bombillos del ventilador solo queda encendido uno. No durará demasiado. Pusieron la corriente en la tarde dos días atrás. El equipo no ha podido cargarse por completo, tampoco las lámparas.

El cuarto está a oscuras. La única claridad proviene de la luz reminiscente de la casa del vecino, donde hay una planta eléctrica. Qué triste recordar cómo se siente dormir una noche entera con electricidad. A veces es como si tratara de rememorar mis reencarnaciones pasadas, cuando fui árbol de azahar o pocero en un pueblo de la Ruta de la Seda o yo mismo cinco años antes.

Agarro un poco de sueño, pero me preocupa el momento exacto cuando no oiga las aspas girar. Ahí me terminaré de derretir. Me convertiré en sudor. Transitaré de sólido a líquido. Me filtraré por la guata y desapareceré. Quiero creer que cuando eso suceda no me enteraré, porque estaré rendido, inconsciente. Si por un milagro de los dioses, quienes emplean las calderas de las termoeléctricas como tambores sagrados, la corriente llegara, habría que levantarse a ablandar frijoles, encender la turbina, cargar los móviles, terminar de centrifugar la ropa en el corazón de la lavadora. No sé si deseo eso, aunque lo necesitamos.

Caigo en una media nada. Aún no duermo, pero tampoco estoy despierto. Creo que alcancé mi cometido. Unas voces altas me sacan de la modorra. Algunos vecinos salieron a la calle. Se gritan los unos a los otros. Me asomo al ventanal. Alguien aprovechó la oscuridad para prenderle candela al basurero. Ella no se entera de nada, realmente envidio demasiado la impasibilidad suya, semejante al mármol de los ángeles.

El incendio se ha expandido rápido. La gente teme que se propague a los hogares cercanos. Le lanzan un par de cubos de agua. Lo sofocan, al revolver los deshechos con haraganes. Al final, logran apagarlo. Mas, la algarabía interrumpe mis intentos de llegar al sueño de los justos. Hoy no dormiré.Crónica de domingo: El poco descanso de los justos - Periódico Girón


Tuesday, June 9, 2026

Creación literaria infanto-juvenil ratifica su vitalidad.



 CAMAGÜEY.- La creación literaria de niños y adolescentes continúa mostrando resultados alentadores en Camagüey, a juzgar por la calidad de las obras evaluadas recientemente en el sistema provincial de Casas de Cultura.

En total fueron valorados 65 trabajos de poesía y narrativa procedentes de la mayoría de los municipios camagüeyanos, con representación de estudiantes de la enseñanza primaria y secundaria básica.

El proceso permitió apreciar el trabajo que desarrollan los talleres literarios y los asesores en los territorios, espacios donde se fomenta el gusto por la lectura, la escritura y la creación artística desde edades tempranas.

La evaluación estuvo a cargo de escritoras, promotores y especialistas vinculados al movimiento literario de la provincia. El jurado de poesía y narrativa de primaria estuvo integrado por Edelmira Rodríguez, Aymara Miranda y Griselda Rodríguez; el de poesía de secundaria por Yunexis Nobalbo, Juan Miguel Castillo y Odelaisy García; mientras que Evelin Queipo, Yoandra Santana y Yanetsy León asumieron la valoración de las obras de narrativa en secundaria.

Juan Miguel Castillo, metodólogo provincial de Literatura, destacó la importancia de preservar estos espacios de formación artística. Según expresó, resulta gratificante que la provincia mantenga activos los talleres literarios y cuente con asesores dedicados a enseñar a niños y adolescentes las técnicas de la narrativa y el verso.

“Son el relevo de los escritores que tenemos en la Editorial Ácana”, afirmó al referirse a los jóvenes creadores que comienzan a transitar por el camino de la literatura.

Las valoraciones realizadas por el jurado también permitieron identificar inquietudes y preocupaciones presentes en las nuevas generaciones. La escritora Yunexis Nobalbo señaló que los talleres literarios constituyen una herramienta valiosa para fortalecer la identidad cultural, el uso correcto del idioma y la formación de valores humanos en un contexto marcado por múltiples influencias culturales.

Por su parte, la escritora Edelmira Rodríguez resaltó el nivel alcanzado por los participantes. Entre los temas abordados en los textos mencionó el cuidado del medio ambiente, el amor filial, las preocupaciones asociadas al uso excesivo de las tecnologías y la defensa de valores como la modestia y la solidaridad.

La integrante del jurado destacó además la corrección ortográfica observada en las obras y consideró esperanzador encontrar en autores de apenas diez y once años reflexiones profundas sobre asuntos que forman parte de la realidad contemporánea.

En la poesía predominó el empleo de formas métricas tradicionales y del verso rimado, mientras que en la narrativa sobresalió el minicuento como una de las modalidades más cultivadas.

Odelaisy García, metodóloga provincial de Literatura, informó que Camagüey cuenta actualmente con 18 asesores literarios distribuidos en los municipios. Precisó además que este proceso estuvo precedido por valoraciones realizadas en cada territorio y adelantó que el encuentro provincial de talleristas adultos está previsto para octubre.

Los resultados evidenciaron un desempeño destacado de varios municipios. Camagüey y Sibanicú concentraron la mayor cantidad de reconocimientos, con presencia en diversas categorías y niveles de enseñanza.Adelante - Creación literaria infanto-juvenil ratifica su vitalidad

Saturday, June 6, 2026

Maidi es el etremo oriental de la isla dondo de hace carbon.


 La actividad en el Centro de Beneficio de Carbón de Río Seco, en plena franja costera sur del municipio de Maisí es, por momentos, inusitada. El reto de producir este año 12 contenedores de ese combustible sólido para la exportación exige que así sea.

El movimiento de brazos el pasado martes, por ejemplo, mostraba a estibadores, abastecedores de la zaranda, zaranderos, pesadores… cosedores de sacos, todos en función de avanzar en el completamiento del tercer contenedor destinado al mercado foráneo.

“En febrero exportamos el primer contenedor, en marzo el segundo y en unos días completaremos el tercero”, aseguró Alberto Fernández Marzo, director de la Empresa Agroforestal Maisí, encargada de la producción del renglón energético.

En su diálogo con los carboneros Fernández Marzo encomió el resultado que se tiene hasta el momento y el extraordinario esfuerzo de estos humildes trabajadores, incluyendo a productores y beneficiadores.

Ante la falta de recursos vitales para la actividad ustedes no han retrocedido en su empeño de alcanzar el plan de exportación, a lo que suman otra cantidad destinada a la población, resaltó para remarcar que en total el municipio produjo 120 toneladas en lo que va de año, lo que asegura el cumplimiento parcial del compromiso.

Reconoció Alberto que hacer carbón es una tarea dura, muy dura, agravada ahora por la escasez de combustible y lubricante. “A pesar de ello ustedes ya son protagonistas del rescate de esta producción en Maisí, pues el pasado año no exportamos ni un kilogramo”.

El director de la Empresa Agroforestal destacó que ante la falta de gasolina para las motosierras los carboneros han tenido que trozar la madera con hacha, en un verdadero derroche de esfuerzo y compromiso.

No menos escaso ha estado el petróleo, empleado en el traslado de los trabajadores y la producción. En estos momentos, por esa causa, no podemos producir carbón en La Mesa, nuestro principal escenario de la actividad, al ser mejor y más abundante la madera, expresó Fernández Marzo.

Relató cómo, ante la ausencia de lubricante para la cadena de las motosierras, trabajadores de la unidad, varios de ellos también pescadores, usaron con éxito aceite de tiburón.

El beneficio por dentroPeriódico de la provincia de Guantánamo | Se prendió el carbón en Maisí

Saturday, May 16, 2026

Infarto.

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Mi mensaje, portador de incertidumbre respecto a su salud, desata una especie de entusiasmo inesperado. Desde su cama, o tal vez desde el asiento junto a ella, confirma que sufrió un gran infarto. Que ha estado ingresada en la sala de Cardiología, apunta; mas se muestra calmada y hasta, diríase, animada.


«Esto que me ha sucedido ha sido una oportunidad que Dios me ha dado para que yo pueda darme cuenta del inmenso cariño que sembré en las personas. También me ha servido para interiorizar algunos aspectos negativos en mi estilo de vida», dice.

Habla de muestras enormes de cariño, de mensajes de amor, de preocupación jamás imaginada respecto a su persona. Menciona las visitas de cuanto médico la conoce en el hospital, que no deben de ser pocos, a juzgar por la cantidad de alumnos que tuvo a lo largo de su vida, quienes al pasar por su sala llegaron a verla. Luego lanza la invitación. Que escriba sobre esos seres que aún la mantienen sorprendida, me pide; que hable sobre el Departamento de Cardiología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos.

Se percibe en su voz la enorme admiración por «el extraordinario equipo de jóvenes talentos profesionales que tiene aquí la Salud Pública espirituana», por su entrega no solo en su caso particular, sino «ante cada caso que les llega». Y habla, serena y detalladamente, de médicos, paramédicos, especialistas, enfermeros; «gente toda llena de amor, de responsabilidad, gente atenta al paciente de manera constante».

Comenta acerca del marcapasos portátil que debieron instalarle, operación por la vena yugular mediante, y alude a la destreza de los jóvenes que asumieron esa misión, que permitió salvarle la vida. «Casi sin recursos», detalla de manera oportuna. Delega en mí para que el reconocimiento se haga efectivo, y siento que no puedo hacerlo mejor que ella, que horas después de esta reportera acceder a escribir haciendo uso de su testimonio me hace llegar una síntesis digna de sus mejores cualidades como pedagoga.

Wednesday, April 22, 2026

Hoy en Guantánamo se corre el riesgo de paralizar los servicios de quimioterapia por carencia de medicamentos como taxol, dacarba...